Por fin, me senté frente al volante con todos mis “juguetes” y pasatiempos metidos en la furgo para sentirme en casa esté donde esté, ya que este viaje va a ser de emociones fuertes.
Esta vez no voy solo, ¡por fin! Puse un anuncio en la web de viajeros couchsufing, y...¡¡CHAAN!! Dustin se animó hasta Praga, nada más y nada menos. Imaginaros meteros en la furgo de alguien, con el que has cruzado 4 palabras por correo y al conocer al conductor, este se presenta, toma tu mochila, la mete dentro diciendo “entra, y por el camino hablamos que vamos a tener tiempo”. Solo una persona sin problemas de adaptación, sencillo, dispuesto a no llevar planes se puede animar a hacer 3000km con alguien que no conoce, compartiendo 7 metros cuadrados.
Para que él viera algo de España interior cruzamos Castilla la Mancha, siendo un poco más lento pero mucho más interesante. Hicimos noche entre fiestas patronales y fuegos artificiales de Motilla del Palancar (Cuenca), que nos preparó por la mañana una encerrona que no nos esperábamos. Desayunando en una calle, vemos como la gente va llegando con sus camiones a tomar algo y pintando como locos “¿que les pasará a esta gente el domingo por la mañana?”. Poco a poco los camiones de reparto, camioncillos y cabinas de grandes camiones se van acumulando en fila india, en claro ambiente festivo. Nuestra cara de estupor fue aumentado a medida que aumentaba la concentración de camiones y ruido. Todos los camiones estaban esperando a ser bendecidos por el cura del pueblo con agua bendita, al paso frente a la imagen de San Cristobal. Salimos como pudimos de esa procesión camionera, rumbo hacia Cuenca y comenzamos a improvisar ruta. La cara de Dustin es para verla.
Atravesamos el Parque Natural de la Serranía de Cuenca por casualidad, serpenteando por una carretera de montaña, para terminar comiendo en Albarracín, precioso pueblo medieval turolense. Imaginaros mi copiloto de Mineapolis (USA) mirando por la ventana esa España tan desconocida para muchos españoles que él estaba disfrutando en primicia. A mi me llevan desde Minesota a California en furgoneta y se me va la cabeza.
Cruzamos los Pirineos por Sabiñanigo y dimos otro giro en la ruta que mereció la pena por lo impresionante de las vistas. Nos metimos por una carreterita con un puerto de montaña de los que hacen historia si pasa el Tour por allí. No contentos con los giros en la ruta, Dustin,me propuso desviarnos a Carcassonne (cuidad medieval), sin saber lo que nos esperaba. Ya veíamos por el camino muchos establecimientos cerrados y poca actividad en la calle. Al llegar a Carcassonne nos enteramos que era el día nacional de Francia y la ciudad duplicaba su población para ver los 2º fuegos artificiales más famosos de Francia (cortesía del anciano que no ayudó a aparcar, sigue habiendo gente buena)
Resacón por la mañana para hacer km y más km para terminar pasando por la ciudades sin desvíos y con misión hacer km.
Finalmente dejé al viajero americano en su destino, Praga, con la sensación de haber conocido a uno de los personajes más curiosos de Mineápolis con el que he aprendido mucho sobre EEUU y sus otros habitantes. Y no por casualidad, su historia personal me ha sido muy útil para ver más clara mi misión en Polonia.
Con la soledad por copiloto me dispongo a atravesar Chequia y parte de Polonia haciendo una parada nocturna en una gasolinera para dormir. Mi furgo, para el que no la conozca, no se sabe si alguien está dentro o no. Esto es una ventaja pero se puede convertir en un inconveniente, os cuento. En la tranquilidad de la noche y de la zona un coche le da por aparcar justo a mi lado. Siento como varios hombres se bajan dando voces y acercándose cada vez más. Poco a poco comienzo a notar como se balanceaba levemente la furgo y empecé a preocuparme por mi seguridad. Por mi mente pasaban miles de posibilidades y mi intuición (o mi miedo) me dejó en silencio, quieto y casi sin respirar para que en momento en el que intentaran algo salir con mi “asustacacos”. Pasados unos minutos interminables, se disiparon todos mis miedos en el silencio de la noche, quedándome solo, con la sonrisa en boca y la cara de “carajote” por el miedo infundado.
A la mañana siguiente, Torun estaba cada vez más cerca, y mi nudo en el estómago cada vez más agarrado, mi hija estaba a otro lado del río, solo tenía que cruzar el puente.
Esta vez no voy solo, ¡por fin! Puse un anuncio en la web de viajeros couchsufing, y...¡¡CHAAN!! Dustin se animó hasta Praga, nada más y nada menos. Imaginaros meteros en la furgo de alguien, con el que has cruzado 4 palabras por correo y al conocer al conductor, este se presenta, toma tu mochila, la mete dentro diciendo “entra, y por el camino hablamos que vamos a tener tiempo”. Solo una persona sin problemas de adaptación, sencillo, dispuesto a no llevar planes se puede animar a hacer 3000km con alguien que no conoce, compartiendo 7 metros cuadrados.
Para que él viera algo de España interior cruzamos Castilla la Mancha, siendo un poco más lento pero mucho más interesante. Hicimos noche entre fiestas patronales y fuegos artificiales de Motilla del Palancar (Cuenca), que nos preparó por la mañana una encerrona que no nos esperábamos. Desayunando en una calle, vemos como la gente va llegando con sus camiones a tomar algo y pintando como locos “¿que les pasará a esta gente el domingo por la mañana?”. Poco a poco los camiones de reparto, camioncillos y cabinas de grandes camiones se van acumulando en fila india, en claro ambiente festivo. Nuestra cara de estupor fue aumentado a medida que aumentaba la concentración de camiones y ruido. Todos los camiones estaban esperando a ser bendecidos por el cura del pueblo con agua bendita, al paso frente a la imagen de San Cristobal. Salimos como pudimos de esa procesión camionera, rumbo hacia Cuenca y comenzamos a improvisar ruta. La cara de Dustin es para verla.
Atravesamos el Parque Natural de la Serranía de Cuenca por casualidad, serpenteando por una carretera de montaña, para terminar comiendo en Albarracín, precioso pueblo medieval turolense. Imaginaros mi copiloto de Mineapolis (USA) mirando por la ventana esa España tan desconocida para muchos españoles que él estaba disfrutando en primicia. A mi me llevan desde Minesota a California en furgoneta y se me va la cabeza.
Cruzamos los Pirineos por Sabiñanigo y dimos otro giro en la ruta que mereció la pena por lo impresionante de las vistas. Nos metimos por una carreterita con un puerto de montaña de los que hacen historia si pasa el Tour por allí. No contentos con los giros en la ruta, Dustin,me propuso desviarnos a Carcassonne (cuidad medieval), sin saber lo que nos esperaba. Ya veíamos por el camino muchos establecimientos cerrados y poca actividad en la calle. Al llegar a Carcassonne nos enteramos que era el día nacional de Francia y la ciudad duplicaba su población para ver los 2º fuegos artificiales más famosos de Francia (cortesía del anciano que no ayudó a aparcar, sigue habiendo gente buena)
Resacón por la mañana para hacer km y más km para terminar pasando por la ciudades sin desvíos y con misión hacer km.
Finalmente dejé al viajero americano en su destino, Praga, con la sensación de haber conocido a uno de los personajes más curiosos de Mineápolis con el que he aprendido mucho sobre EEUU y sus otros habitantes. Y no por casualidad, su historia personal me ha sido muy útil para ver más clara mi misión en Polonia.
Con la soledad por copiloto me dispongo a atravesar Chequia y parte de Polonia haciendo una parada nocturna en una gasolinera para dormir. Mi furgo, para el que no la conozca, no se sabe si alguien está dentro o no. Esto es una ventaja pero se puede convertir en un inconveniente, os cuento. En la tranquilidad de la noche y de la zona un coche le da por aparcar justo a mi lado. Siento como varios hombres se bajan dando voces y acercándose cada vez más. Poco a poco comienzo a notar como se balanceaba levemente la furgo y empecé a preocuparme por mi seguridad. Por mi mente pasaban miles de posibilidades y mi intuición (o mi miedo) me dejó en silencio, quieto y casi sin respirar para que en momento en el que intentaran algo salir con mi “asustacacos”. Pasados unos minutos interminables, se disiparon todos mis miedos en el silencio de la noche, quedándome solo, con la sonrisa en boca y la cara de “carajote” por el miedo infundado.
A la mañana siguiente, Torun estaba cada vez más cerca, y mi nudo en el estómago cada vez más agarrado, mi hija estaba a otro lado del río, solo tenía que cruzar el puente.