TioCocoAventura
Para viajeros, aventureros, furgoneteros, deportistas y amantes de la libertad.
jueves, 22 de abril de 2021
sábado, 2 de marzo de 2019
Daklha 2019 (Etapa 4): Km 25
Etapa 4 Pk 25 (Km 25)
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| Aparcamiento km 25 |
Como todo en la vida no existe nada perfecto y en las relaciones tanto de pareja como de amistad, la perfección es una quimera. Mi compañera de viaje y yo comenzamos a distanciarnos, siempre dentro de la cordialidad y la necesidad mutua ( no confundir con conveniencia). Ella no hallaba el equilibrio debido a problemas técnicos-eléctricos en su habitáculo, lo que me llevó a recordar un comentario que me hizo el tercer día de viaje, en el que teníamos previsto dormir en medio de la nada. Antes de decidir donde íbamos a pernoctar esa noche me preguntó “¿sabes dónde vamos a aparcar? Le respondí con toda naturalidad que no, que no había planificado nada “¿así preparas un viaje?”, me replicó. Un poco contrariado por estrés sufrido por los preparativos previos a la salida, le respondí en tono seco: “he preparado la furgoneta”. En este tipo de viajes, en el que dependes del vehículo que va a ser el lugar donde vas a vivir durante dos meses, lo más importante es que no te sorprenda con problemas técnicos básicos y que los que salgan, que salen, sean solucionables con sencillas reparaciones y piezas de repuesto. Además, ella no estaba a gusto con su localización dentro del orden y el caos, lo que la llevó a buscar otro aparcamiento lejos de mi posición. Era un problema tras otro culminado con una lesión de tobillo y rodilla por no llevar el material de Kite bien regulado.
En mi caso mi material de windsurf estaba más que revisado y puesto a punto para soportar los vientos que aquí se nos venían encima. Por cierto, esa noche dormimos junto a una gasolinera, en donde un policía nos pidió la documentación nada más aparcar, para controlar quienes éramos y que hacíamos allí. Justo al otro lado de la carretera, había un campo de refugiados, o eso creímos entender por los gestos de un señor con toda la pinta de saharaui que nos decía que por allí no podíamos ir. Entiendo también la preocupación por la seguridad de mi compañera, debido a su condición de mujer en un país muy machista.
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| Camión del desierto de pareja joven con dos niños. Material de Wind y Kite |
Por contra mi estado era diametralmente opuesto al de ella, yo parecía estar tocado por el mismo universo, estaba exultante, sonriente, brillante, viviendo uno de mis sueños y todo a mi alrededor parecía que encajaba como piezas de Tetris. En semejante estado de felicidad todas las puertas se me abrían y comencé a conocer a la gente con la pausa necesaria que mi instinto furgonetero me dictaba. Tuve en cuenta que todos no recorríamos el mismo estado emocional (esto lo explicaré en el siguiente entrada del blog), cuando vives en una furgoneta, expuesto a la vista de todos, alguien que llega de fuera no puede llegar llamando a todas las puertas para decir “hola, he llegado” hay que dar tiempo y espacio para que las relaciones se acoplen. Éstos portones de maderas envejecidas, remachadas por clavos embutidos en los nudosos anillos fueron previamente abiertos por mis amigos de Chipiona, que dejaron una buena impronta en los habitantes del lugar. Así fue como llegué a conocer a parte de la fauna que me iba cruzando los primeros días. A medida que pasaba el tiempo, el Mítico me iba presentando a los diferentes personajes, a cada cual más pintoresco.
La mayoría son jubilados que pasan entre tres y seis meses al calorcito del desierto, en donde un 10%, además, buscan satisfacer su mayor pasión, navegar. Unos han sido ingenieros electrónicos con cargos de responsabilidad en grandes empresas, otros directores de producción de la industria del acero, inversores de bolsa,…hasta una bailarina de la Ópera de París. Yo los veía en sus magníficas autocaravanas y me decía “madre mía, ¿quién navega aquí? Si solo hay alcayatas con patas” Solo hizo falta que soplara viento para ver como todos estos carcamales salían de sus fortalezas, arbolando sus cometas y tablas para surcar las aguas azotadas por el frío viento del noreste, al mismo nivel que cualquiera de nosotros, los más jóvenes (que también los había). Me tuve que tragar todos mis prejuicios y con lágrimas en los ojos (que ya es todo un clásico en mi) me vi proyectado treinta años en el futuro, porque muchos ya casi llegan a los 80 años. Me dije para mis adentros “yo quiero llegar así, yo quiero tener las ganas de vivir que ellos tienen, cruzar Marruecos con mi furgoneta y reencontrarme con mis amigos de Daklha año tras año”.
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| No hace falta traducir que es lo que hace el gobierno Italiano con los jubilados |
Ahí no queda la cosa. El Mítico organizó una cena marroquí con una orquesta de música Gnaua para 100 personas, ¡casi nada!. Para evitar descontrol y quejas de los comensales, el organizador los sentó por nacionalidades. La mesa de los alemanes con su compostura en un lateral, la parte francesa con su elegancia al fondo, los animosos italianos en otro lateral y los que hablábamos español en el centro. Aún así, después del gran trabajo de organización, algunos se quejaron y ahí fue donde vi actuar al gran Mítico. Éste apareció azorado a nuestra mesa porque se había batido a empujones con un par de quejosos, un alemán que le sacaba una cabeza y un francés tipo pitbull y justo delante mía presencié otra de sus actuaciones. Debido a un mal entendido, el Mítico comenzó a dar empujones a uno de los comensales de nuestra mesa, el chico desconcertado por la situación no sabía que hacer ante semejante panorama. Al ver los empujones me temí lo peor, tranquilamente me levanté, me quité las gafas y puse mi cuerpo entre los dos, enviando al Mítico a un rincón del Rin y lanzando una mirada tranquilizadora al contrincante. Acto seguido crucé una mirada inquisidora con la mala bestia y éste al instante me lanzó un guiño complice. Ahí fue cuando entendí todo, el estrés de la preparación de la fiesta junto con el temperamento del Mítico era una bomba de relojería. Me senté tranquilo, dejando claro con gestos al otro púgil que no pasaba nada y a comer. ¡Menudo comienzo!
La cena comenzó con un exquisito tajín de verduras aderezado por una agradable conversación multicultural (suizo, alemán, galés, español) y aquí otra vez mi mente comenzó a analizar a todos los que allí estábamos compartiendo tan apacible velada. Me veía dentro de una espectáculo turístico para guiris, de lo que siempre he huido, en el que los músicos tocaban sus melodías y los jubilados cenanaban apaciblemente soltando algún que otro aplauso, sin aparente interés por el espectáculo musical tan exquisito. Peroooo…llegó un momento en el que la música hipnótica del desierto empezó a penetrar por cada uno de los poros de las incombustibles almas que contemplaba atónito. De pronto me vi rodeado de caderas operadas que se contoneaban al son de las cuerdas de piel de dromedario, lanzando sonrisas a esas caras surcadas de arrugas rebosantes de felicidad y cruzando la mirada con ojos brillantes llenos de vida, para definitivamente caer de rodillas, ante la espectacular entrada en acción de una pareja de octogenarios vestidos a juego, con sendas camisas a rayas al más puro estilo Sábado Noche que se marcaron unos pases de baile de salón con sus volteretas, giros y mirándose como adolescentes enamorados. Todos mis prejuicios los tiré a la basura definitivamente.
Esa noche me acordé de una pregunta que me hizo un amigo en la puerta de un bar “¿tu cuándo sabes que eres feliz?” “cuando me meto en la cama con una sonrisa la boca al recordar el día tan bueno que he pasado”.
P.D. se feliz
sábado, 23 de febrero de 2019
Daklha 2019 (Etapa 3): El desierto
Etapa 3: El desierto
4 días hemos invertido para llegar a éste destino tan deseado por mi estos últimos años. A lo largo de los 2000 km por Africa, porque no olvidemos que 14 km de estrecho nos separa, hemos pasado por jornadas de conducción duras, que han puesto nuestros nervios y pericia conductora al 100% y creo que no hace falta decir porqué. Dejando atrás esos momentos duros me quedo con el instante en el que recorríamos una carretera larga estrecha, con bordes en muy mal estado, zarandeado por un viento lateral infernal y que cada cruce con un camión-barco mercante me hacía apretar los dedos de los pies. Con la mirada fija en la carretera, de pronto comienza la arena a levantarse y cruza la carretera sin pedir permiso, más bien somos nosotros los que debemos ceder el paso a los peatones del desierto, a esos granos migrantes que alimentan las dunas que nos rodean. Ese instante fue cuando sentí el mar de arena en mi interior brotándome lágrimas saladas de mis encharcados ojos. Nuestras máquinas infernales surcaban éste mar de arena sabiendo que en cualquier momento podían ser engullidas sin piedad por un tsunami de polvo, ¡más tensión para nuestro cuerpo! El desierto es un lugar mágico y a la vez duro, parece que no
hay vida en este pedregal pero basta parar y fijar la mirada en cualquier lugar y aparece un escarabajo, una planta llena de rica agua que calma la sed de los dromedarios, una lagartija,…el desierto es un ecosistema en equilibrio con un horizonte que se pierde en la lejanía y con el cielo estrellado que más me ha fascinado desde que lo vi por primera vez en mi vida. Recomiendo pasar una noche frente al espectáculo de luces más brutal que el frío universo te puede ofrecer.
Una vez pasada la emoción de comulgar con el viento y la arena, continuamos con nuestra particular lucha de supervivencia cunetera. La cuneta no existe, un solo error de cálculo puede dar con la rueda en un agujero afilado o por el otro lado chocar con un mercante con ruedas cargado de contenedores de sal y pescado que no puede frenar ni cambiar un ápice su dirección.
Todo este estrés paso a la profundidad abisal de nuestra memoria al dejar atrás el ultimo puerto de la carretera que nos llevaba a nuestro destino y ponernos delante de nuestros ojos una lámina de agua plateada con una luminosidad reverberante que hacía flotar las pequeñas islas y entradas de tierras sobre del Lagoon. ¡¡¡Hemos llegado a nuestro destino!!!
Con el cuerpo machacado, los ojos hundidos e irritados por el cansancio, dejamos la
carretera general y nos internamos en una camino asfaltado flanqueados por innumerables autocaravanas, camiones del desierto, furgonetas y vehículos varios. Todos perfectamente encajados por la ley del orden y el caos. Antes semejante panorama nos dispusimos a encontrar nuestro lugar en el caos para pertenecer al orden sin romper la armonía.
Bajé la ventanilla ante el primer habitante humano que se me cruzó en el camino y por designios universales doy con el Mítico. Personaje del que hablaré posteriormente. Este guardián de universo me acogió, instaló y me hizo sentir parte del todo existente en este lugar tan mágico. No por casualidad encontré a la persona que mis amigos me dijeron que tenía que buscar.
martes, 5 de febrero de 2019
Dakhla 2019 (Etapa 2): Viajar sin prisas
VIAJAR SIN PRISAS
Como mandan los cánones, viajar por estos lugares tiene que estar exento de prisa, tiene que adolecer de ansiedad por llegar y os cuento porque.
Hablando con mi casi desconocida compañera de viaje, le comento una sensación que ya me ha ocurrido varias veces al comenzar un viaje. Una vez iniciados los viajes tanto el cuerpo como la mente experimentan unas sensaciones extrañas al estado natural. El cuerpo se siente desubicado y la mente está ofuscada como un bebé que tiene sueño y hambre a la vez. Haciendo un acto de sinceridad con mi compañera de viaje le comento las sensaciones que estoy experimentando. Ella con toda naturalidad me comenta que también le pasa ¡¡¡Uf, qué descanso!!! ¡¡¡estamos los dos en el mismo estado!!! Y seguidamente ella me contó esta historia que escuchó en los EEUU.

Los tramperos de América del Norte para poder llegar a tierras inexploradas contrataban a guías nativos, los indios americanos. Durante una de las exploraciones la comitiva remontaba un río con sus canoas. Tras varias jornadas de exploración los indios se pararon y montaron el campamento sin razón aparente, ya que esa jornada no habían recorrido apenas km. Los tramperos estupefactos preguntaron porqué no avanzaban. Los indios, sentados alrededor del fuego, saboreando lentamente el humo de sus pipas los miraron como quien mira al infinito, y tras una humeante pausa el explorador jefe le dijo “estamos esperando que el alma nos alcance, hemos viajado demasiado rápido para ella”
En mi caso mi alma se reencuentra con mi cuerpo a los 4 días y a mi compañera le ha costado dos días más. Cuando se materializa el reencuentro te sientes pleno y completo, pasando el viaje en ese momento a ser parte de ti, conectando con el lugar donde estás.
Nuestra rutina ha sido despertarnos a las 9, desayunar compartiendo experiencias e inquietudes hasta el medio día, recoger las furgonetas y conducir hasta la puesta de sol con el objetivo de llegar a algún lugar en donde pudiéramos dormir con cierta seguridad. Aquí mi compañera y yo nos diferenciamos sustancialmente. Ella necesitaba un destino final programado, yo necesito no saber donde voy a dormir para que la incertidumbre alimente mi sorpresa y me haga creer que el universo me da lo que necesito en cada momento. Una de las mejores jornadas de mis viajes en bici por Georgia en 2015 fue el día que decidí quedarme otra jornada más en el hotel para descansar y la recepción me dijo que no había disponibilidad para ese día. Me tuve que subir a la bici e improvisar una jornada mirando el mapa sin saber donde iba. Tras una siesta a la sombra decidiendo que hacer, terminé durmiendo esa noche en un lago mágico cerca de la frontera armenia.
Se que viajar así puede generar un alto grado de ansiedad en ciertas personas, pero es lo que más se parece a la exploración de lo desconocido que realizaban los aventureros de siglos pasados. Actualmente llevamos una pantalla azul delante de nuestros ojos que nos anticipa que vamos a ver, dejando atrás la posibilidad de la sorpresa y quitando emoción a la exploración de los desconocido. Para eso viajo
domingo, 27 de enero de 2019
Daklha 2019 (Etapa 1): Conexión mágica
Pocas veces en la vida he hecho esto. Os cuento.
Mi proyecto inicial era salir en bici hacia el Este a principios de octubre 2018, viaje que he cancelado precisamente por no precipitarme. No he dejado el trabajo de profesor para estresarme por la preparación de un viaje. La fecha elegida era demasiado inminente, para dejar mi casa sin puesta a punto. El alquiler de mi propiedad va ser el negocio que va a financiar mis caprichitos viajeros. Además antes de poner el trasero en el sillín y no mirar atrás, tengo que cumplir algunos sueños y uno de estos sueños es este viaje.
Pongo en marcha la máquina publicitaria para poner los dientes largos al personal (je,je) y busco algún compañero/a de viaje. Como es habitual me encontré por respuesta “ que vaaaa tío, tengo que trabajar”, eeeesa era mi respuesta hace años y aquí estoy. Casualmente, me acordé de una chica que encajaba perfectamente en el perfil para lanzar la furgoneta hacia el sur, hacia el desierto, hacia la aventura. Solo nos habíamos cruzado unos mensajes hace un año y tras mi irresistible oferta ella decidió meter las cometas (kite surf) en su furgoneta para iniciar la aventura juntos.
Viajar a un país complicado, como Marruecos, con alguien totalmente desconocido requiere de una dosis de valentía, otra de empatía y fundamentalmente muchas ganas de que todo salga bien.
Con todos mis trastos en la furgoneta, me dispongo a conocer a mi compañera de viaje, con los nervios propios que da la incertidumbre. Ese mar de dudas se disipa nada más colocarnos frente a frente, mirarnos a los ojos y reconocernos como lo que somos, viajeros (wanderlust)
Como por arte de magia fuimos sorteando los obstáculos iniciales como el paso “placentero” de la frontera, la elección de la ruta, las paradas,…sin ningún atisbo de conflicto.
Desde aquí os animo a ser valientes y a no dejaros amedrentar por el miedo, a confiar en vuestra intuición y sobre todo a lanzaros a cumplir los sueños, estos son los que os van a hacer sentir vivos.
viernes, 18 de enero de 2019
DAKLHA (Sahara Occidental) 2019 (Etapa cero): Preparativos
Daklha
Todos mis amigos windsurferos se han pasado al kite surf, dicen que es mucho mejor, que no tienes que comprarte una furgoneta para llevar el material, que navegas con un rango mayor de viento, te diviertes igual o más que con el windsurf,…Yo siento que todavía tengo mucho que aprender de este maravilloso deporte y estilo de vida, por eso me voy a Daklha (Sahara Occidental).
Llevo años queriendo ir a pasar una temporada en este lugar de África, en donde las condiciones para hacer windsurf son excelentes. Viento casi todos los días, zona interior de agua plana y zona de mar abierto con olas, temperaturas constantes todo el año…¡ummm que caramelo!
Descripción del lugar
Población situada en la costa oeste de África, por debajo de las islas Canarias, coincidiendo con la línea paralela al ecuador del Trópico de Cáncer. Dista 2000km de Tánger, 1500km de Marrakech, 430km de la frontera con Mauritania y muy alejado de todo.
Acceso:
El acceso a Daklha puede ser por carretera o por aire. Las carreteras parecen que están asfaltadas y en buenas condiciones. La cuidad tiene aeropuerto internacional conectado con Casablanca y Tanger.
Cuidad:
Tiene una población de 80.000 habitantes, movimiento turístico alrededor del windsurf, surf, kitesurf y pesca. En ella podré comprar gas, comida y obtener agua para consumo. La obtención de energía eléctrica lo tengo cubierto con las horas de sol para las placas solares.
La mejor fecha para asegurar viento superior a fuerza 4 Beaufort es desde abril hasta septiembre con una probabilidad del 80% (cada 5 días 4 con viento). Las temperaturas son muy agradables debido a que el viento constante trae el fresco del océano, las medias son buenas para vivir en una furgoneta al sol.
Agua potable
¡Voy al desierto!, eso sabemos lo que significa, escasez de agua potable. Según la web http://www.dajla.org/ el acceso de agua potable para la población del Sahara Occidental es del 82%. Tengo dos opciones:
-Una de las posibilidades para potabilizar agua son las pastillas potabilizadoras, pero si tengo que potabilizar 100 litros cada 10 días por tres meses eso da 90 pastillas. Esto supone dos cajas de 50 pastillas con un coste total de 10€.
-Sodio Hipoclorito Sol. 5%. Un litro tiene un coste de 10,15€ y se puede encargar en la farmacia. La cantidad por cada litro lo tengo que preguntar en la farmacia pero si no recuerdo mal son dos gotas por litro. En el viaje a la India toda el agua que consumía pasaba por el filtro potabilizador Katadin, además le añadía sodio hipoclorito y no tuve problemas con las diarreas.
Comida
No hay problemas con el abastecimiento de comida estando cerca de una población de 80.000 habitantes, lo que no se es cuanto me puede costar llenar el pequeño frigorífico de verduras y fruta. La información que me llega de gente que ha estado es que por 30€ puedes comer una mariscada en cualquier restaurante. No es mi intención comer en restaurantes aunque algún homenaje nos daremos. En Cádiz lleno el frigo por 20€ de verduras y fruta fresca. Llevaré acopio de cereales en grano, pastas y condimentos para una alimentación rica en vitamina B, fundamental para la actividad deportiva. La estimación es que los precios sean un 50% más baratos que en España excepto el alcohol.
Gas y gasoil
El gasoil está a 0,75€/litro, contando que estemos a 30km de la cuidad y viajemos un mínimo de tres veces para comprar víveres, eso supone 180km a 7€/100km.
El gas es lo que más me preocupa. No se cual es el tipo de botella que suministran ni el tipo de regulador. En la furgo llevo dos botellas de 13kg cubriendo el consumo de dos meses. La mejor opción es llevar de España las dos botellas llenas y comprar una para el último mes del viaje. Usando la regla de tres con el precio del gasoil la botella puede costar 8€ (está por confirmar).
martes, 14 de noviembre de 2017
Navidades 2017: agua y espuma
Después
de dos intentos de bajar a Marruecos a navegar y surfear parece que esta
navidad va a ser la definitiva.
Dispongo
de 14 días para bajar hasta Esauira (a unos 700km de Tanger). Isidro y yo hemos
evaluado el tiempo que tenemos de vacaciones y los 2000 km de camino que hay
hasta Daklha, destino original de este viaje, nos parece demasiado lejos. Gastar
6 días de viaje para no saber si va a hacer viento, nos ha hecho cambiar el
destino. A Daklha vas a navegar y nada más, allí hay agua, viento y desierto.
Vamos
abiertos a hacer lo que nos apetezca. Si no hay condiciones en el agua nos
calzamos las botas de montaña y nos vamos al Atlas, una cadena montañosa que
separa el desierto del norte de África, con dos picos de 4000m.
Nosotros
y el material deportivo, como os habéis podido imaginar, vamos en la furgoneta.
A quien le apetezca se puede unir a este viaje.
domingo, 30 de julio de 2017
Recorrido de la vuelta a Andalucía II
Gastos totales
12 días de ruta. 41€/día
En total me he gastado 500€ que han sido por dos desayunos diarios, comida, cena y alojamiento.
Los desayunos han sido de 4€ de media, comida y cena 12€/cada
El alojamiento ha sido desde 20€ a 50€, a una medio de 25€/noche
Pincha en el enlace para ver la ruta en Bikermap
22-07-2017 Fin del proyecto
Km día:
113 km
Recorrido:
Serón, Olula del Río, Cantoria, Albánchez, Los Molinas, La Rambla, El Pocico,
Lubrín, El Marchal, Bedar, Los Gallardos, Garrucha.
Si que
me levanté con las cosas claras, LLEGAR A LA PLAYA Y TERMINAR EL VIAJE.
Desde
Serón prácticamente hice 40 km bajando bordeando el río Almanzora. Una bajada,
como siempre, placentera, disfrutando de los verdes tan intensos que genera
esta tierra tan seca en el cauce del río. Por el camino, tenía claro que iba a
seguir bajando el río hasta que a autovía se cruzó ante mí. El espabilado que
la diseñó creó vías de servicio paralelas sin salida. Sin darme cuenta, de
pronto, me veo circulando por una autovía que sin señalización de prohibición
para circular bicis me aceleró el corazón. Me salí de ella en cuanto pude, para
tomar esa vía de servicio que me llevó a dar con mis gafas en la puerta de una
fábrica. Tuve que dar la vuelta, con los consiguientes km extras y cabreo.
Ante la
posibilidad de hacer más km extras decidí volver a retomar los puertos de montaña
en la sierra de los Filabres, poniendo dirección a Albánchez y sabiendo que iba
a sudar mucho. El camino muy pronto se tornó un rompe piernas, con subidas y
bajadas, pasando por una zona bastante remota y despoblada. Hago una parada
técnica para repostar agua y comida y puse dirección hacia Los Molinas. Fui
avisado por uno ciclistas locales que me iba a encontrarme con dos puertos
antes de llegar al puerto de Bedar, lo que no sabía era de que tipo.
Comienzo
a ascender por una carretera muy estrecha, de construcción antigua por la que
no pasó nadie en muchos kilómetros, lo que me hizo disfrutar muchísimo, ya que
es el objetivo de este viaje, llevándome a uno de los rincones más bonitos que
he visto. Desde lo alto de valle, diviso una aldea muy bonita, de casas
blancas, campos verdes, flores y con toda la pinta de estar habitada. La cruzo
sin pararme, para seguir la ruta por estos pueblos perdidos de Almería. Solo con
pasar por aquí merecía la pena todo el esfuerzo. Remonto otro puerto de
montaña, el cual no me costó mucho por la emoción de lo desconocido y me planto
debajo de las rampas del puerto de Bedar. Justo en la primera cuesta reposté
agua y me empapé para poder soportar el calor de asfalto.
El lado oeste del puerto no fue muy largo pero
si intenso, y una vez superado el paso se me ofreció una de las bajadas más
bonitas que he realizado, quizás me dejé llevar por la emoción de que el final
estaba cerca, pero el paisaje, las curvas y contracurvas me parecieron
exquisitas para sortearlas con una bici. Y pensar que este puerto no lo conocía
y lo he tenido a 12km de mi casa.
Una vez
abajo me restaban esos 12km de recta, con viento en contra que al ser húmedo es
más difícil de penetrar por cuestiones de densidad del aire. Fueron los 12 km
más duros de la ruta y a la vez más satisfactorios por la cuenta a atrás.
Una vez
divisé el mar, respiré con toda profundidad, teniendo la sensación de haber
hecho lo que me apetecía en cada momento y de terminar un proyecto que se me
resistía desde hace 6 años.
¿Cuándo
volveré a ciclar con las alforjas? No lo se, lo que se es que he disfrutado
mucho de esta bonita tierra.
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