Km día:
113 km
Recorrido:
Serón, Olula del Río, Cantoria, Albánchez, Los Molinas, La Rambla, El Pocico,
Lubrín, El Marchal, Bedar, Los Gallardos, Garrucha.
Si que
me levanté con las cosas claras, LLEGAR A LA PLAYA Y TERMINAR EL VIAJE.
Desde
Serón prácticamente hice 40 km bajando bordeando el río Almanzora. Una bajada,
como siempre, placentera, disfrutando de los verdes tan intensos que genera
esta tierra tan seca en el cauce del río. Por el camino, tenía claro que iba a
seguir bajando el río hasta que a autovía se cruzó ante mí. El espabilado que
la diseñó creó vías de servicio paralelas sin salida. Sin darme cuenta, de
pronto, me veo circulando por una autovía que sin señalización de prohibición
para circular bicis me aceleró el corazón. Me salí de ella en cuanto pude, para
tomar esa vía de servicio que me llevó a dar con mis gafas en la puerta de una
fábrica. Tuve que dar la vuelta, con los consiguientes km extras y cabreo.
Ante la
posibilidad de hacer más km extras decidí volver a retomar los puertos de montaña
en la sierra de los Filabres, poniendo dirección a Albánchez y sabiendo que iba
a sudar mucho. El camino muy pronto se tornó un rompe piernas, con subidas y
bajadas, pasando por una zona bastante remota y despoblada. Hago una parada
técnica para repostar agua y comida y puse dirección hacia Los Molinas. Fui
avisado por uno ciclistas locales que me iba a encontrarme con dos puertos
antes de llegar al puerto de Bedar, lo que no sabía era de que tipo.
Comienzo
a ascender por una carretera muy estrecha, de construcción antigua por la que
no pasó nadie en muchos kilómetros, lo que me hizo disfrutar muchísimo, ya que
es el objetivo de este viaje, llevándome a uno de los rincones más bonitos que
he visto. Desde lo alto de valle, diviso una aldea muy bonita, de casas
blancas, campos verdes, flores y con toda la pinta de estar habitada. La cruzo
sin pararme, para seguir la ruta por estos pueblos perdidos de Almería. Solo con
pasar por aquí merecía la pena todo el esfuerzo. Remonto otro puerto de
montaña, el cual no me costó mucho por la emoción de lo desconocido y me planto
debajo de las rampas del puerto de Bedar. Justo en la primera cuesta reposté
agua y me empapé para poder soportar el calor de asfalto.
El lado oeste del puerto no fue muy largo pero
si intenso, y una vez superado el paso se me ofreció una de las bajadas más
bonitas que he realizado, quizás me dejé llevar por la emoción de que el final
estaba cerca, pero el paisaje, las curvas y contracurvas me parecieron
exquisitas para sortearlas con una bici. Y pensar que este puerto no lo conocía
y lo he tenido a 12km de mi casa.
Una vez
abajo me restaban esos 12km de recta, con viento en contra que al ser húmedo es
más difícil de penetrar por cuestiones de densidad del aire. Fueron los 12 km
más duros de la ruta y a la vez más satisfactorios por la cuenta a atrás.
Una vez
divisé el mar, respiré con toda profundidad, teniendo la sensación de haber
hecho lo que me apetecía en cada momento y de terminar un proyecto que se me
resistía desde hace 6 años.
¿Cuándo
volveré a ciclar con las alforjas? No lo se, lo que se es que he disfrutado
mucho de esta bonita tierra.
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