VIAJAR SIN PRISAS
Como mandan los cánones, viajar por estos lugares tiene que estar exento de prisa, tiene que adolecer de ansiedad por llegar y os cuento porque.
Hablando con mi casi desconocida compañera de viaje, le comento una sensación que ya me ha ocurrido varias veces al comenzar un viaje. Una vez iniciados los viajes tanto el cuerpo como la mente experimentan unas sensaciones extrañas al estado natural. El cuerpo se siente desubicado y la mente está ofuscada como un bebé que tiene sueño y hambre a la vez. Haciendo un acto de sinceridad con mi compañera de viaje le comento las sensaciones que estoy experimentando. Ella con toda naturalidad me comenta que también le pasa ¡¡¡Uf, qué descanso!!! ¡¡¡estamos los dos en el mismo estado!!! Y seguidamente ella me contó esta historia que escuchó en los EEUU.

Los tramperos de América del Norte para poder llegar a tierras inexploradas contrataban a guías nativos, los indios americanos. Durante una de las exploraciones la comitiva remontaba un río con sus canoas. Tras varias jornadas de exploración los indios se pararon y montaron el campamento sin razón aparente, ya que esa jornada no habían recorrido apenas km. Los tramperos estupefactos preguntaron porqué no avanzaban. Los indios, sentados alrededor del fuego, saboreando lentamente el humo de sus pipas los miraron como quien mira al infinito, y tras una humeante pausa el explorador jefe le dijo “estamos esperando que el alma nos alcance, hemos viajado demasiado rápido para ella”
En mi caso mi alma se reencuentra con mi cuerpo a los 4 días y a mi compañera le ha costado dos días más. Cuando se materializa el reencuentro te sientes pleno y completo, pasando el viaje en ese momento a ser parte de ti, conectando con el lugar donde estás.
Nuestra rutina ha sido despertarnos a las 9, desayunar compartiendo experiencias e inquietudes hasta el medio día, recoger las furgonetas y conducir hasta la puesta de sol con el objetivo de llegar a algún lugar en donde pudiéramos dormir con cierta seguridad. Aquí mi compañera y yo nos diferenciamos sustancialmente. Ella necesitaba un destino final programado, yo necesito no saber donde voy a dormir para que la incertidumbre alimente mi sorpresa y me haga creer que el universo me da lo que necesito en cada momento. Una de las mejores jornadas de mis viajes en bici por Georgia en 2015 fue el día que decidí quedarme otra jornada más en el hotel para descansar y la recepción me dijo que no había disponibilidad para ese día. Me tuve que subir a la bici e improvisar una jornada mirando el mapa sin saber donde iba. Tras una siesta a la sombra decidiendo que hacer, terminé durmiendo esa noche en un lago mágico cerca de la frontera armenia.
Se que viajar así puede generar un alto grado de ansiedad en ciertas personas, pero es lo que más se parece a la exploración de lo desconocido que realizaban los aventureros de siglos pasados. Actualmente llevamos una pantalla azul delante de nuestros ojos que nos anticipa que vamos a ver, dejando atrás la posibilidad de la sorpresa y quitando emoción a la exploración de los desconocido. Para eso viajo

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