miércoles, 2 de septiembre de 2015

GEORGIA 30 y 31 de agosto 2015: La última aventura

30 y 31 de agosto 2015 La última aventura
Mi bici ya iba camino de Granada, donde está la furgoneta. Llevaba unos días de descanso total, entre paseos por la cuidad, comer, siesta y poco más. De pronto una tarde, tocan en la puerta del hostal y escucho en inglés “está coco, un chico español”, al escuchar esto doy un respingo de mi confortable sillón. Reconozco ese acento argentino a mucha distancia. Son mis queridos Oscar y Patricia, acompañados de Silvia, otra trotamundos, que venían a proponerme una pequeña aventura.
Le digo a Miguel, mi compi de hostal, si nos acompañaba a tomar algo y a escuchar la propuesta de estos cicloaventureros tan experimentados  por Europa y parte de Asia. Finalmente los 5 nos embarcamos en otra aventura. Deambulamos por Tblisi buscando un lugar para comer y ponernos al día con nuestras aventuras en lo alto de un sillín.
La propuesta era salir haciendo autostop de la ciudad, para llegar a una población que se llama David Gareja, un complejo monástico muy interesante de visitar. Nos tomamos una cervezas, nos ponemos al día y despedimos para citarnos a las 11 de la mañana del día siguiente en el hostal.
A las 11 de la mañana aparece Oscar, con su mochila y preparado para salir. Poco más tarde las chicas llegan y todos nos ponemos a charlar con tranquilidad alrededor de la mesa. La cosa se anima y sacamos cosas de comer, la matera, un poco de beber, mapas y hasta los ordenadores, para revisar el correo. Iba pasando el tiempo y nadie de nosotros daba el paso para levantar el campamento y salir con el dedo preparado. ¡Esto es no tener prisa y demás es vida estresante!
Por fin, conseguimos cargar las mochilas a nuestra espalda y comenzar a andar para salir de la ciudad, buscando un lugar apropiado para hacer autostop. Vimos que era complicado, así que hicimos el primer tramo en metro, el segundo en furgoneta y por fin nos dejaron en un cruce de carreteras, que nos llevaba hacia el monasterio, a unos 40 km de nuestro objetivo. Esta carretera, que bordeaba la frontera con Acerbaijan, solo estaba transitada por los residentes en las poblaciones cercanas y los turistas que iban al monasterio, complicándose bastante que nos acercaran al monasterio.
Los taxistas no rondaban  como las moscas, dando tanteos para hacernos ofertas, y nosotros fuertes como piedras resistiendo las zumbidos molestos. Nuestra desesperación iba en aumento al ver que todos los coches o iban llenos o no podían llevar a 5 personas con 5 mochilas. Finalmente, las artes de convicción, de estos experimentados viajeros nos metieron a todos en una furgoneta de unos obreros de la construcción, para que nos acercaran unos 20km. ¡Cuanto he aprendido con estos chicos!
El segundo tramo se complicó bastante más. La noche se estaba acercando, los coches

escaseaban y comenzábamos a pensar en un plan B, para pinchar la tienda en los alrededores. Pero...le dije “¿Porqué no abrimos el chacra corona, conectamos con el universo y le pedimos un coche para que nos lleve?”. ¡Dicho y hecho! Un coche pequeño, un Lada, dio un frenazo delante de nosotros, antes de que desconectásemos con el poder universal. La particularidad era que el conductor tenía una de las borracheras más impresionantes que he visto frente a un volante, acompañado de un amigo un poco menos borracho. Sin dudarlo, me meto en el fondo del asiento trasero, pesando “yo de aquí no me muevo”, y mientras mis compañeros se acoplaban miré a los ojos de conductor para evaluar el peligro y los tenía totalmente idos, ¡madre mía!, ¿con este personaje nos vamos a meter 20km de carretera?. Allí fuimos, en estado de alerta máxima, por la condiciones del conductor. En una de las largas rectas nuestro piloto y dueño de nuestras vidas dio un volantazo que nos dejó blancos. Automáticamente, su
copiloto de borrachera, tomó las riendas de la diligencia. Al ser relevado al volante, el piloto oficial, empezó a pasar por todos los estados anímicos de una borrachera. Comenzó a cantar (alegría), dar besos a su amigo (exaltación de la amistad), sacó el cuerpo por la ventana (locura) y lo que nos puso los pelos de punta fue el estado de violencia. Comenzó a darle patadas, puñetazos y cabezazos al cristal delantero, con la clara intención de partirlo. Eso nos podría dejar con visibilidad nula y en peligro absoluto. Oscar que era el que estaba más próximo a él, con sus mañas persuasivas, consiguió calmar a la bestia y pudimos llevarlo al último estado de la borrachera y menos peligroso para el mundo, el sueño. Respiramos tranquilos y fuimos placenteramente viajando por las llanuras secas y amarillentas que nos rodeaban.
Nos dejaron en una población a 20km de nuestro objetivo, por lo que decidimos buscar un lugar para pasar la noche. En un pequeño bosque cercano, hicimos un fuego, cocinamos unas patatas y pimientos con huevo y nos beneficiamos de un buen caldo vitivinícola de la zona. ¡Qué magnífica noche de luna llena, con tan buen compañía! Tuve un viaje en el

 
tiempo, en el que me veía en el futuro, recordando este momento tan importante en mi vida, en donde se había forjado una profunda amistad con proyectos de viajes en común por delante.
Pasé una noche muy mala por mi falta de cálculo con el equipaje, me dejé el saco en el hostal, y a las 3 de la mañana me tuve que levantar a encender un fuego para volver la vida. Esta circunstancia me hizo disfrutar de un amanecer con la luna como acompañante.


Nos levantamos con la parsimonia que nos caracteriza y dado el poco tráfico que había hacía el destino final y que este día yo me volvía a España, me di la vuelta sin ver el monasterio.
Miguel y yo nos volvimos haciendo dedo, gracias a la generosidad de la gente del lugar.


¡Qué me ha llevado a partir!