Como dijo Ernest Shackleton, explorador
ártico del siglo XIX, “lo difícil en la vida es tener el camino claro, lo demás
es cuestión de constancia”.
Llevo años, 45 para ser más exactos, intentando saber cual es mi camino
para enfilar el rumbo hacia ese gran desconocido que es el futuro. Desde
pequeño, para mi lo más emocionante era salir a explorar el exterior de mi zona
de seguridad. Ir a un barrio al otro lado del pueblo o a una playa desconocida
me cargaba de emociones antes, durante y una vez consumada la exploración. A
medida que mi conciencia del mundo exterior fue ampliándose, mis anhelos por
explorar otros mundos fueron aumentando proporcionalmente, llevándome a donde
estoy actualmente.
Las personas que me han seguido este verano 2015, en la aventura por
Georgia, se pueden hacer una idea de que es lo que me realmente me hace vibrar,
y para los que no lo sepan, explorar tierras nuevas y desconocidas me hace
sentirme vivo, sacando de lo más profundo de mi interior fuerzas que
desconocía. Plantarme delante de un mapa, poner el dedo en un punto y marcar
una ruta desconocida es una de las acciones más emocionantes que conozco.
Materializar esa ruta poco a poco, pedalada a pedalada, me genera un alto grado
de felicidad, sin estar exento de sufrimiento y dolor por la exigencia física y
mental provocada por la incertidumbre y dureza del recorrido. Todo esto junto
me hace sentirme libre, palabra malograda en esta sociedad llena de rejas por
todos lados. La ansiada libertad es imposible, pertenecemos a una sociedad con
puertas blindadas que no nos dejan ser lo que realmente nuestro más profundo
interior desea, aun así, se puede lograr un alto grado de independencia, no de
libertad, con conciencia y voluntad. Hace dos meses, nuestro querido viajero
Salva Rodríguez, después de ¡¡¡10 años!!! recorriendo el mundo encima de una
bici, decidió poner pie en tierra y volver a su vida de profesor en Granada. En
la primera charla-presentación de sus libros, cuando llegó el momento de las
preguntas de los mortales que abarrotaban la sala, la primera cuestión que le
plantearon brotó de lo más profundo de mi interior “¿Salva, te has sentido
libre a los largo de estos años viajando por el mundo?”. Él, con la sabiduría de
años de reflexión, contestó que se había sentido libre porque en cada momento
pudo elegir el camino a seguir.
Ayer volví a montarme en mi bici de montaña, con la que habitualmente
viajo. Tras el desembalaje y verificación de que no había sufrido ningún
desperfecto, en su largo periplo postal, me acoplé una vez más en la misma
posición, tantas veces repetida. Esto me generó ondanadas de felicidad que
recorrían todo mi ser. En vez de hacer una ruta conocida, el instinto me llevó
a tomar un camino desconocido por los campos de Almería y trazando la nueva
ruta volví a sentir el explorador que llevo dentro. ¡Esta sensación es la que
hace sentirme vivo!.
Se que esto no es fácil, se que en la vida tenemos muchos compromisos que
nos lastran (familia, amigos, pareja, hijos...) y estos no nos deja tomar ese
camino tan deseado. Nunca he dicho que sea fácil romper con todo y conectar con
los deseos más profundos de tu ser, realmente produce vértigo y miedo ponerte
delante de ti mismo y decirte lo que quieres ser,
Dedicado a Oscar y Patricia, a Cilclotherapy y a todos los viajeros con los
que he compartido momentos de complicidad pura.