viernes, 15 de enero de 2016

NAVEGANTES


NAVEGANTES
Como más de uno sabe, llevo justo 30 años surcando las olas encima de una tabla de
windsurf. Con más o menos asiduidad he navegado todo lo que me ha permitido el tiempo, los estudios, el trabajo y las lesiones, pero siempre, por lo menos una vez al año, me he mojado los pies para no olvidar las sensaciones que este maravillo deporte genera en mi interior.

Navegar, como lo llamamos los windsurferos y cometeros, es un acto de meditación dinámica

en donde no existe pasado ni futuro,solo presente, en donde lo que te alcanza la vista es lo
único que existe. Navegar, te lleva a un estado de tensión máxima desde el momento en el que tus pies se posan en la rugosa tabla y la vela se hincha para generar potencia. Al instante, tus músculos se tensan como un arco, tu espalda se abre con las orejas de un elefante, tus ojos de dilatan y la mirada se vuelve profunda e intensa como un pozo en el hielo antártico. Navegar es un baile entre dos fuerzas de la naturaleza, una es imprevisible,poderosa e invisible y la otra es desafiante, atrevida y respetuosa. Las dos bailan en un palacio de espuma dando pasos ágiles y coordinados, confiando el uno en el otro, apoyando sus espaldas una contra otra. Es un acto de funambulismo salado donde cualquier error te precipita al abismo azul.

“La relación que tenemos con el océano viene de millones de años atrás. Cuando una mujer
engendra un bebé le proporciona agua dentro de su cuerpo, para que crezca inmerso en ella. El agua que la mujer alberga en su interior es casi exactamente la misma que el agua de mar. Es salada. La mujer crea un pequeño océano en el interior de su cuerpo. Y no solo eso, nuestra sangre y sudor también son salados. Lloramos y fluyen por nuestro interior mares y océanos.” Libro: Shantaram de Gegory David Roberts.

Por muchos años que lleve haciendo esto, cada vez que siento el viento en mi cara, todas estas sensaciones explotan desde mi interior como un geiser. A todos los navegantes que conozco les pregunto:

-¿Te pones nervioso cuando estás preparando la tabla o cometa para salir a navegar?

-¡Si!, no lo puedo evitar, el “mono” me puede.

Ese “mono” es un generador de adrenalina que nos protege de la batalla que se avecina delante de nuestros ojos, sin ella seríamos una hoja de papel a merced de las olas y el viento de un huracán.


Además de todo esto, los navegantes, son gente pacífica y acogedora que no dudan en salvarte de las fauces del poderoso mar en cuanto tienes problemas, no dudan en quedarse pendiente de un solitario aventurero con problemas a pesar del frio y la incipiente noche, no dudan en orientarte a la búsqueda de una playa desconocida con un sencillo golpecito de mano amistosa a través del cristal, no dudan. La duda es la diferencia entre existir y no existir.

Dedicado a los navegantes de Cádiz y Almería, mis dos tierras llenas de mar, viento, sal y alegría.

¡Qué me ha llevado a partir!