Etapa 4 Pk 25 (Km 25)
![]() |
| Aparcamiento km 25 |
Como todo en la vida no existe nada perfecto y en las relaciones tanto de pareja como de amistad, la perfección es una quimera. Mi compañera de viaje y yo comenzamos a distanciarnos, siempre dentro de la cordialidad y la necesidad mutua ( no confundir con conveniencia). Ella no hallaba el equilibrio debido a problemas técnicos-eléctricos en su habitáculo, lo que me llevó a recordar un comentario que me hizo el tercer día de viaje, en el que teníamos previsto dormir en medio de la nada. Antes de decidir donde íbamos a pernoctar esa noche me preguntó “¿sabes dónde vamos a aparcar? Le respondí con toda naturalidad que no, que no había planificado nada “¿así preparas un viaje?”, me replicó. Un poco contrariado por estrés sufrido por los preparativos previos a la salida, le respondí en tono seco: “he preparado la furgoneta”. En este tipo de viajes, en el que dependes del vehículo que va a ser el lugar donde vas a vivir durante dos meses, lo más importante es que no te sorprenda con problemas técnicos básicos y que los que salgan, que salen, sean solucionables con sencillas reparaciones y piezas de repuesto. Además, ella no estaba a gusto con su localización dentro del orden y el caos, lo que la llevó a buscar otro aparcamiento lejos de mi posición. Era un problema tras otro culminado con una lesión de tobillo y rodilla por no llevar el material de Kite bien regulado.
En mi caso mi material de windsurf estaba más que revisado y puesto a punto para soportar los vientos que aquí se nos venían encima. Por cierto, esa noche dormimos junto a una gasolinera, en donde un policía nos pidió la documentación nada más aparcar, para controlar quienes éramos y que hacíamos allí. Justo al otro lado de la carretera, había un campo de refugiados, o eso creímos entender por los gestos de un señor con toda la pinta de saharaui que nos decía que por allí no podíamos ir. Entiendo también la preocupación por la seguridad de mi compañera, debido a su condición de mujer en un país muy machista.
![]() |
| Camión del desierto de pareja joven con dos niños. Material de Wind y Kite |
Por contra mi estado era diametralmente opuesto al de ella, yo parecía estar tocado por el mismo universo, estaba exultante, sonriente, brillante, viviendo uno de mis sueños y todo a mi alrededor parecía que encajaba como piezas de Tetris. En semejante estado de felicidad todas las puertas se me abrían y comencé a conocer a la gente con la pausa necesaria que mi instinto furgonetero me dictaba. Tuve en cuenta que todos no recorríamos el mismo estado emocional (esto lo explicaré en el siguiente entrada del blog), cuando vives en una furgoneta, expuesto a la vista de todos, alguien que llega de fuera no puede llegar llamando a todas las puertas para decir “hola, he llegado” hay que dar tiempo y espacio para que las relaciones se acoplen. Éstos portones de maderas envejecidas, remachadas por clavos embutidos en los nudosos anillos fueron previamente abiertos por mis amigos de Chipiona, que dejaron una buena impronta en los habitantes del lugar. Así fue como llegué a conocer a parte de la fauna que me iba cruzando los primeros días. A medida que pasaba el tiempo, el Mítico me iba presentando a los diferentes personajes, a cada cual más pintoresco.
La mayoría son jubilados que pasan entre tres y seis meses al calorcito del desierto, en donde un 10%, además, buscan satisfacer su mayor pasión, navegar. Unos han sido ingenieros electrónicos con cargos de responsabilidad en grandes empresas, otros directores de producción de la industria del acero, inversores de bolsa,…hasta una bailarina de la Ópera de París. Yo los veía en sus magníficas autocaravanas y me decía “madre mía, ¿quién navega aquí? Si solo hay alcayatas con patas” Solo hizo falta que soplara viento para ver como todos estos carcamales salían de sus fortalezas, arbolando sus cometas y tablas para surcar las aguas azotadas por el frío viento del noreste, al mismo nivel que cualquiera de nosotros, los más jóvenes (que también los había). Me tuve que tragar todos mis prejuicios y con lágrimas en los ojos (que ya es todo un clásico en mi) me vi proyectado treinta años en el futuro, porque muchos ya casi llegan a los 80 años. Me dije para mis adentros “yo quiero llegar así, yo quiero tener las ganas de vivir que ellos tienen, cruzar Marruecos con mi furgoneta y reencontrarme con mis amigos de Daklha año tras año”.
![]() |
| No hace falta traducir que es lo que hace el gobierno Italiano con los jubilados |
Ahí no queda la cosa. El Mítico organizó una cena marroquí con una orquesta de música Gnaua para 100 personas, ¡casi nada!. Para evitar descontrol y quejas de los comensales, el organizador los sentó por nacionalidades. La mesa de los alemanes con su compostura en un lateral, la parte francesa con su elegancia al fondo, los animosos italianos en otro lateral y los que hablábamos español en el centro. Aún así, después del gran trabajo de organización, algunos se quejaron y ahí fue donde vi actuar al gran Mítico. Éste apareció azorado a nuestra mesa porque se había batido a empujones con un par de quejosos, un alemán que le sacaba una cabeza y un francés tipo pitbull y justo delante mía presencié otra de sus actuaciones. Debido a un mal entendido, el Mítico comenzó a dar empujones a uno de los comensales de nuestra mesa, el chico desconcertado por la situación no sabía que hacer ante semejante panorama. Al ver los empujones me temí lo peor, tranquilamente me levanté, me quité las gafas y puse mi cuerpo entre los dos, enviando al Mítico a un rincón del Rin y lanzando una mirada tranquilizadora al contrincante. Acto seguido crucé una mirada inquisidora con la mala bestia y éste al instante me lanzó un guiño complice. Ahí fue cuando entendí todo, el estrés de la preparación de la fiesta junto con el temperamento del Mítico era una bomba de relojería. Me senté tranquilo, dejando claro con gestos al otro púgil que no pasaba nada y a comer. ¡Menudo comienzo!
La cena comenzó con un exquisito tajín de verduras aderezado por una agradable conversación multicultural (suizo, alemán, galés, español) y aquí otra vez mi mente comenzó a analizar a todos los que allí estábamos compartiendo tan apacible velada. Me veía dentro de una espectáculo turístico para guiris, de lo que siempre he huido, en el que los músicos tocaban sus melodías y los jubilados cenanaban apaciblemente soltando algún que otro aplauso, sin aparente interés por el espectáculo musical tan exquisito. Peroooo…llegó un momento en el que la música hipnótica del desierto empezó a penetrar por cada uno de los poros de las incombustibles almas que contemplaba atónito. De pronto me vi rodeado de caderas operadas que se contoneaban al son de las cuerdas de piel de dromedario, lanzando sonrisas a esas caras surcadas de arrugas rebosantes de felicidad y cruzando la mirada con ojos brillantes llenos de vida, para definitivamente caer de rodillas, ante la espectacular entrada en acción de una pareja de octogenarios vestidos a juego, con sendas camisas a rayas al más puro estilo Sábado Noche que se marcaron unos pases de baile de salón con sus volteretas, giros y mirándose como adolescentes enamorados. Todos mis prejuicios los tiré a la basura definitivamente.
Esa noche me acordé de una pregunta que me hizo un amigo en la puerta de un bar “¿tu cuándo sabes que eres feliz?” “cuando me meto en la cama con una sonrisa la boca al recordar el día tan bueno que he pasado”.
P.D. se feliz


