martes, 26 de agosto de 2014

Toca pared y vuelta


Misión polaca cumplida.
Mi viaje de 3500km hacia las tierras norteñas ha aclarado los nubarrones de incertidumbre pantanosa en la que estaba mi vida. Todos sabemos que de las cenizas renace la vida con más fuerza, teniendo esta su ritmo que hay que respetar.
Nada más despedirme de la familia polaca sonaba una voz en mi interior, más bien un grito, que decía “vete para para casa, vete para casa” y eso hice. Con la mirada fija, las manos en el volante mi misión era, otra vez, hacer km. Esto no es nada fácil en las carreteras polacas porque los nombres de los pueblos como Bydgoszcz no son nada fáciles de recordar para una memoria maltratada y acostumbrada a Villanueva del Monte. Un copiloto espabilado era fundamental para esta misión.
Km y km por Alemania disfrutando de sus impresionantes autopista gratis, de sus áreas de descanso muy bien acondicionadas, llegando a hacer 1200km en un día, muchas horas mirando a los coches como te pasan como balas.
Al llegar a Francia, nada más cruzar el río Rin, decidí que ya estaba bien de km ese día y paré una una estación de servicio a dormir sin saber lo que me iba a pasar a la mañana siguiente. Al despertar y ponerme a desayunar me empezó a molestar la espalda por la zona de los riñones, pensé “normal, te has pegado un palizón y tu cuerpo se resiente” pero la cosa no se quedó en una simple molestia, el dolor fue aumentando hasta un límite que yo no conocía. Ante esto, en en el extranjero, sin medios para paliar el dolor me fui a la gasolinera para pedir la primera ambulancia de mi vida. La ambulancia me resultó familiar porque tiene las mismas dimensiones que mi furgo salvando las diferencias en la decoración. Hospital, calmante y a la calle por no querer hacerme una radiografía y ponerme una vía intravenosa, con el diagnóstico de cólico nefrítico. Yo quería irme para casa y no estar hospitalizado y eso hice.
Al recuperar mi furgo en la gasolinera aparecieron los personajes del viaje. Dos chicos alemanes, uno de 1,96m y otro de 1,60m que probaron suerte con el renqueante españolito para ver si les podía llevar a Lyon, todo esto en un inglés muy básico que nos permitió comunicarnos. Una vez dentro, con mis dos copilotos instalados, fui viendo que tipo personas llevaba en mi casa. Al saber que iban a Portugal les dije “Chicos tenéis mucha suerte os acercaré hasta Barcelona “ los ojos se les pusieron más grandes que a Candy Candy de alegría.
Km, km y más km cruzando Francia, sin rastro de dolor, improvisando la ruta en función de las necesidades. Al llegar cerca de Barcelona sopesaron que una gran cuidad turística no entraba en sus planes, por lo que continuamos esta vez por la carreteras interiores de Aragón, dirección Madrid para ir a la clínica para ponerme en tratamiento. Íbamos recorriendo las carreteras solitarias de Teruel cuando, empezó a molestarme el riñón lo que puso en alerta mi atención y me fijó en la mente “tienes que llegar a un pueblo grande”. Al aparcar en Alcañiz, en otra gasolinera me dio otro dolor de los malos. Doblado de dolor, deje a mis copilotos y me fui buscando otro hospital, esta vez en mi ambulancia. Ellos no sabían mi nombre, solo que me llamaba coco, y en el hospital no le pudieron decir nada. La lógica nos volvió a reunir y nos fuimos a cenar a un estanque muy bonito cerca del pueblo.
El viaje por Teruel fue muy bonito, con pueblos de piedra, extensos campos dorados y cultura popular a borbotones. Me puse en la piel de mis dos viajeros y pensé en Dustin (compañero de viaje de ida) y en la suerte de conocer la España interior, donde pocos extranjeros llegan a visitarla. Finalmente decidieron terminar el viaje comunal a 60km de Madrid, con la experiencia de haber compartido tres días de viaje en perfecta armonía. Les estaré eternamente agradecido por estar en momentos de dolor y por todo lo que me han enseñado.
Espero aprender de los errores, aprender de toda persona con la que coincida en mi vida y seguir aprendiendo para que el cerebro esté en continuo desarrollo.

¡Qué me ha llevado a partir!