domingo, 13 de diciembre de 2015

El camino claro



Como dijo Ernest Shackleton, explorador ártico del siglo XIX, “lo difícil en la vida es tener el camino claro, lo demás es cuestión de constancia”.

Llevo años, 45 para ser más exactos, intentando saber cual es mi camino para enfilar el rumbo hacia ese gran desconocido que es el futuro. Desde pequeño, para mi lo más emocionante era salir a explorar el exterior de mi zona de seguridad. Ir a un barrio al otro lado del pueblo o a una playa desconocida me cargaba de emociones antes, durante y una vez consumada la exploración. A medida que mi conciencia del mundo exterior fue ampliándose, mis anhelos por explorar otros mundos fueron aumentando proporcionalmente, llevándome a donde estoy actualmente.

Las personas que me han seguido este verano 2015, en la aventura por Georgia, se pueden hacer una idea de que es lo que me realmente me hace vibrar, y para los que no lo sepan, explorar tierras nuevas y desconocidas me hace sentirme vivo, sacando de lo más profundo de mi interior fuerzas que desconocía. Plantarme delante de un mapa, poner el dedo en un punto y marcar una ruta desconocida es una de las acciones más emocionantes que conozco. Materializar esa ruta poco a poco, pedalada a pedalada, me genera un alto grado de felicidad, sin estar exento de sufrimiento y dolor por la exigencia física y mental provocada por la incertidumbre y dureza del recorrido. Todo esto junto me hace sentirme libre, palabra malograda en esta sociedad llena de rejas por todos lados. La ansiada libertad es imposible, pertenecemos a una sociedad con puertas blindadas que no nos dejan ser lo que realmente nuestro más profundo interior desea, aun así, se puede lograr un alto grado de independencia, no de libertad, con conciencia y voluntad. Hace dos meses, nuestro querido viajero Salva Rodríguez, después de ¡¡¡10 años!!! recorriendo el mundo encima de una bici, decidió poner pie en tierra y volver a su vida de profesor en Granada. En la primera charla-presentación de sus libros, cuando llegó el momento de las preguntas de los mortales que abarrotaban la sala, la primera cuestión que le plantearon brotó de lo más profundo de mi interior “¿Salva, te has sentido libre a los largo de estos años viajando por el mundo?”. Él, con la sabiduría de años de reflexión, contestó que se había sentido libre porque en cada momento pudo elegir el camino a seguir.
Ayer volví a montarme en mi bici de montaña, con la que habitualmente viajo. Tras el desembalaje y verificación de que no había sufrido ningún desperfecto, en su largo periplo postal, me acoplé una vez más en la misma posición, tantas veces repetida. Esto me generó ondanadas de felicidad que recorrían todo mi ser. En vez de hacer una ruta conocida, el instinto me llevó a tomar un camino desconocido por los campos de Almería y trazando la nueva ruta volví a sentir el explorador que llevo dentro. ¡Esta sensación es la que hace sentirme vivo!.
Se que esto no es fácil, se que en la vida tenemos muchos compromisos que nos lastran (familia, amigos, pareja, hijos...) y estos no nos deja tomar ese camino tan deseado. Nunca he dicho que sea fácil romper con todo y conectar con los deseos más profundos de tu ser, realmente produce vértigo y miedo ponerte delante de ti mismo y decirte lo que quieres ser,                 

Dedicado a Oscar y Patricia, a Cilclotherapy y a todos los viajeros con los que he compartido momentos de complicidad pura.

3 comentarios:

  1. Anónimo6:42 p. m.

    Querido Coco, llevo tiempo queriéndo contestar a este artículo, porque no puedo evitar sentir un poco de pena al leerte y necesito escribirlo por si te sirve de ayuda, a mí me sirvió, y si no, que sirva como alegato en defensa de lo cotidiano.

    Para explorar lo desconocido, ¿de veras es necesario irse lejos?
    Para vivir aventuras ¿hay que recorrer todos esos kilómetros? Para sentirse vivo hay que explorar "el exterior"?
    ¿Y qué hay del día a día mundano? ¿Qué hay de " el interior"? Y no me refiero sólamente de carnes para dentro. Imagino que por oposición a lo que generosamente nos cuentas, y espero equivocarme, sólo encontrarás aburrimiento, cuando no depresión, ganas de huir constantemente, sentimiento de muerte en vida. Un calvario.

    Y de ahí me viene la pena. Me encantaría leerte alguna vez contándonos algún descubrimiento mundanal, simple, que muchos encuentren aburrido pero que esté cargado de vida, de esa rutinaria y rica vida. Porque aquí querido amigo, aquí también se siente llenita de emociones, a veces es serena, otras te revolea y te aburres y luchas, lloras, ríes. En fin, también se sufre, pero nunca es gratis.

    El viajero del que hablas dice que "se había sentido libre porque en cada momento pudo elegir el camino a seguir". En esta frase, así de primeras, me resaltan las palabras libertad, elegir y camino. La libertad de elegir el camino. Pero si te fijas un poco más también están sentir y cada momento. Sentir cada momento. Creo que todo esto es más que posible, aconsejable, tenerlo presente en el quehacer diario con total naturalidad. Si para vivirlo hay que recorrerse la muralla china a la pata coja es que estamos muy jodidos y más nos vale pedir ayuda.

    A mí tampoco me gustan algunas dinámicas impuestas y aceptadas mayoritariamente. También noto cierto esclavismo rutinario, laboral, pero ese es otro tema. Y a pesar de todo, Coco compadre, siento que hay vida aquí mismo. Y es una vida rica y compleja.

    Yo con los viajes des-conecto y me re-conecto. Ahora vengo de tu tierra de pegarme unos carnavales de campeonato, que ya me gustaría a mí ver en esa situación a de la Cuadra Salcedo. Fauna y flora exótica de la wena wena. Paisajes y paisanaje rocambolescos. Resacas y remontadas más propias de héroes mitológicos que de chipioneros rutinarios. Más resistentes que los galos ante la invasión romana. Y nada de frasquitos con poción mágica. No, no. Caídas en marmita de cabeza, de espaldas y mariposa.

    Deja que te cuente cómo fue la aventura. Volver a La Fiesta ha sido re-encontrarse con el pueblo entero. He llorado de pena y de alegría, me he emocionado con los colores, con la calidez de los que se han acercado. He sentido cinco minutos de culpa resacosa y al segundo, ver que se perdía cuando de repente me encuentro a los amigos con los que todavía no había compartido. Y me acordé de ti pero no te vi. He conocido a personajes auténticos, vecinos que llevo viendo desde que era chico y que te pueden enseñar mucho con solo recitar una copla en el momento preciso y por la más pura de las casualidades. Se me ha caído al suelo el corazón varías veces por las cosas que pasan y he llorado de mucha pena, roto, roto, pasar una hora y volver a celebrar la vida bailando reguetón. Sí, sí. Tal cual. Y luego, para qué hablar de humor, ingenio, trabajo y creatividad. Sólo hay que ir para descubrirlo. Impresionante. También he visto a chavalitos, muchos, con el pelo demasiado corto y de colores oscuros, como su futuro. Que en el momento que se acaba la música mejor no estar para ver lo que va a pasar. Armarios empotrados con boina verde dando palos. También me he encontrado fuera de lugar, solo, mirando a todas partes entre el ruido y el gentío. Y mucha belleza Coco, mucha vida por conocer.

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  2. Anónimo6:46 p. m.

    (Viene de arriba)

    Querido amigo, llevas 45 años " intentando saber cuál es mi camino para enfilar el rumbo hacia ese gran desconocido que es el futuro". Y ahora es cuando recuerdo las palabras del poeta. Me perdonas si soy pedante.

    Caminante, son tus huellas
    el camino y nada más;
    Caminante, no hay camino,
    se hace camino al andar.
    Al andar se hace el camino,
    y al volver la vista atrás
    se ve la senda que nunca
    se ha de volver a pisar.
    Caminante no hay camino
    sino estelas en la mar.

    En tu texto tienes las claves para empezar soportando tu quehacer diario, y no morir en el intento. Estoy seguro que empezarás a caminar más a gusto, más a voluntad, por tu día a día, paso a paso, pedalada tras pedalada. Y habrá que poner el dedo en el mapa o dejar que el mapa ponga su dedo en ti y dejarse llevar por lo que sucede. Todo eso que está en ti perfectamente, ya lo sabes aunque quizás no lo veas. Porque habrá "alto grado de felicidad" en lo más insignificante y también felicidad normal, y normalidad, mucha normalidad. La que tú quieras construir. En lo más grande también hay aburrimiento, desgracia y sufrimiento. Tal vez no sea felicidad la palabra. Ya se vibra en la rutina, claro que sí.

    Y ahora permíteme un desliz, que no quiero caer en la exaltación de lo mundano, de lo rutinario, de cada día que pones un pie en el suelo. Pero bien podría hacer la oda de una mañana aburrida camino al trabajo, mirando al cielo, tropezando a cada paso con las lozas levantadas de la acera más que pisoteada, sucia. Maldito chicle en mi suela, el retraso ya lo tengo asegurado, a cada paso, una décima de segundo menos, tras 10.000 la mala cara de mi jefa asegurada. !Bonita mañana! Y ella enfurruñada. Saludo a los compañeros con la careta de una sonrisa que se rompe en la cercanía de lo fraterno. Un apretón de manos y luego, el abrazo. Se me queda la cara de mala mañana de los cojones, hoy es lo que toca. Qué sucio estaba el suelo y cuantísimo de azul tenía ese cielo.

    Me quedo con esta parte de tu texto que, quizás con alguna pequeña variación, me sirva de herramienta para plantarle cara a la vida en el juego de su día a día.

    Donde diga mapa ponga usted día.
    Donde diga ruta o recorrido ponga intención.
    Deje lo desconocido en manos del azar.
    Y por último, no nos queda otra, póngase a andar.

    "Plantarme delante de un mapa, poner el dedo en un punto y marcar una ruta desconocida es una de las acciones más emocionantes que conozco. Materializar esa ruta poco a poco, pedalada a pedalada, me genera un alto grado de felicidad, sin estar exento de sufrimiento y dolor por la exigencia física y mental provocada por la incertidumbre y dureza del recorrido".

    Ya por último, siento tristeza al ver que los amigos, la familia, la pareja y hasta los hijos son en tu reflexión un compromiso que lastra ese "camino tan deseado". Me da pena porque lo que entreveo es mucha soledad y falta de cariño en esas palabras. Me atrevo a decir que roza lo patológico. Yo te quiero aunque no te vea. Sinceramente, sin despreciar el gusto por la aventura y lo desconocido, yo lo que veo según nos cuentas, es más huida que otra cosa. Creo que lo tienes todo más cerca de lo que piensas y que las herramientas las tienes ahí mismo. Sólo hay que saber mirar. Tú échame cuenta picha, que te lo dice un tuerto.

    Muchas gracias por el desnudo. He aprendido mucho leyéndote, la verdad.

    Te mando una espuerta de abrazos y media arroba de parmetáh en el lomo.

    Fdo.:
    El Capitán Pescanovia

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  3. Anónimo8:33 p. m.

    Fe de errata:

    Dende dice "querido Coco" quiere decir "querido diario"

    Mis disculpas : *

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¡Qué me ha llevado a partir!