Etapa 3: El desierto
4 días hemos invertido para llegar a éste destino tan deseado por mi estos últimos años. A lo largo de los 2000 km por Africa, porque no olvidemos que 14 km de estrecho nos separa, hemos pasado por jornadas de conducción duras, que han puesto nuestros nervios y pericia conductora al 100% y creo que no hace falta decir porqué. Dejando atrás esos momentos duros me quedo con el instante en el que recorríamos una carretera larga estrecha, con bordes en muy mal estado, zarandeado por un viento lateral infernal y que cada cruce con un camión-barco mercante me hacía apretar los dedos de los pies. Con la mirada fija en la carretera, de pronto comienza la arena a levantarse y cruza la carretera sin pedir permiso, más bien somos nosotros los que debemos ceder el paso a los peatones del desierto, a esos granos migrantes que alimentan las dunas que nos rodean. Ese instante fue cuando sentí el mar de arena en mi interior brotándome lágrimas saladas de mis encharcados ojos. Nuestras máquinas infernales surcaban éste mar de arena sabiendo que en cualquier momento podían ser engullidas sin piedad por un tsunami de polvo, ¡más tensión para nuestro cuerpo! El desierto es un lugar mágico y a la vez duro, parece que no
hay vida en este pedregal pero basta parar y fijar la mirada en cualquier lugar y aparece un escarabajo, una planta llena de rica agua que calma la sed de los dromedarios, una lagartija,…el desierto es un ecosistema en equilibrio con un horizonte que se pierde en la lejanía y con el cielo estrellado que más me ha fascinado desde que lo vi por primera vez en mi vida. Recomiendo pasar una noche frente al espectáculo de luces más brutal que el frío universo te puede ofrecer.
Una vez pasada la emoción de comulgar con el viento y la arena, continuamos con nuestra particular lucha de supervivencia cunetera. La cuneta no existe, un solo error de cálculo puede dar con la rueda en un agujero afilado o por el otro lado chocar con un mercante con ruedas cargado de contenedores de sal y pescado que no puede frenar ni cambiar un ápice su dirección.
Todo este estrés paso a la profundidad abisal de nuestra memoria al dejar atrás el ultimo puerto de la carretera que nos llevaba a nuestro destino y ponernos delante de nuestros ojos una lámina de agua plateada con una luminosidad reverberante que hacía flotar las pequeñas islas y entradas de tierras sobre del Lagoon. ¡¡¡Hemos llegado a nuestro destino!!!
Con el cuerpo machacado, los ojos hundidos e irritados por el cansancio, dejamos la
carretera general y nos internamos en una camino asfaltado flanqueados por innumerables autocaravanas, camiones del desierto, furgonetas y vehículos varios. Todos perfectamente encajados por la ley del orden y el caos. Antes semejante panorama nos dispusimos a encontrar nuestro lugar en el caos para pertenecer al orden sin romper la armonía.
Bajé la ventanilla ante el primer habitante humano que se me cruzó en el camino y por designios universales doy con el Mítico. Personaje del que hablaré posteriormente. Este guardián de universo me acogió, instaló y me hizo sentir parte del todo existente en este lugar tan mágico. No por casualidad encontré a la persona que mis amigos me dijeron que tenía que buscar.


