sábado, 23 de febrero de 2019

Daklha 2019 (Etapa 3): El desierto

Etapa 3: El desierto
4 días hemos invertido para llegar a éste destino tan deseado por mi estos últimos años. A lo largo de los 2000 km por Africa, porque no olvidemos que 14 km de estrecho nos separa, hemos pasado por jornadas de conducción duras, que han puesto nuestros nervios y pericia conductora al 100% y creo que no hace falta decir porqué. Dejando atrás esos momentos duros me quedo con el instante en el que recorríamos una carretera larga estrecha, con bordes en muy mal estado, zarandeado por un viento lateral infernal y que cada cruce con un camión-barco mercante me hacía apretar los dedos de los pies. Con la mirada fija en la carretera, de pronto comienza la arena a levantarse y cruza la carretera sin pedir permiso, más bien somos nosotros los que debemos ceder el paso a los peatones del desierto, a esos granos migrantes que alimentan las dunas que nos rodean. Ese instante fue cuando sentí el mar de arena en mi interior brotándome lágrimas saladas de mis encharcados ojos. Nuestras máquinas infernales surcaban éste mar de arena sabiendo que en cualquier momento podían ser engullidas sin piedad por un tsunami de polvo, ¡más tensión para nuestro cuerpo! El desierto es un lugar mágico y a la vez duro, parece que no
hay vida en este pedregal pero basta parar y fijar la mirada en cualquier lugar y aparece un escarabajo, una planta llena de rica agua que calma la sed de los dromedarios, una lagartija,…el desierto es un ecosistema en equilibrio con un horizonte que se pierde en la lejanía y con el cielo estrellado que más me ha fascinado desde que lo vi por primera vez en mi vida. Recomiendo pasar una noche frente al espectáculo de luces más brutal que el frío universo te puede ofrecer. 
Una vez pasada la emoción de comulgar con el viento y la arena, continuamos con nuestra particular lucha de supervivencia cunetera. La cuneta no existe, un solo error de cálculo puede dar con la rueda en un agujero afilado o por el otro lado chocar con un mercante con ruedas cargado de contenedores de sal y pescado que no puede frenar ni cambiar un ápice su dirección.
Todo este estrés paso a la profundidad abisal de nuestra memoria al dejar atrás el ultimo puerto de la carretera que nos llevaba a nuestro destino y ponernos delante de nuestros ojos una lámina de agua plateada con una luminosidad reverberante que hacía flotar las pequeñas islas y entradas de tierras sobre del Lagoon. ¡¡¡Hemos llegado a nuestro destino!!!
Con el cuerpo machacado, los ojos hundidos e irritados por el cansancio, dejamos la
carretera general y nos internamos en una camino asfaltado flanqueados por innumerables autocaravanas, camiones del desierto, furgonetas y vehículos varios. Todos perfectamente encajados por la ley del orden y el caos. Antes semejante panorama nos dispusimos a encontrar nuestro lugar en el caos para pertenecer al orden sin romper la armonía.

Bajé la ventanilla ante el primer habitante humano que se me cruzó en el camino y por designios universales doy con el Mítico. Personaje del que hablaré posteriormente. Este guardián de universo me acogió, instaló y me hizo sentir parte del todo existente en este lugar tan mágico. No por casualidad encontré a la persona que mis amigos me dijeron que tenía que buscar. 

martes, 5 de febrero de 2019

Dakhla 2019 (Etapa 2): Viajar sin prisas

VIAJAR SIN PRISAS
Como mandan los cánones, viajar por estos lugares tiene que estar exento de prisa, tiene que adolecer de ansiedad por llegar y os cuento porque.
Hablando con mi casi desconocida compañera de viaje, le comento una sensación que ya me ha ocurrido varias veces al comenzar un viaje. Una vez iniciados los viajes tanto el cuerpo como la mente experimentan unas sensaciones extrañas al estado natural. El cuerpo se siente desubicado y la mente está ofuscada como un bebé que tiene sueño y hambre a la vez. Haciendo un acto de sinceridad con mi compañera de viaje le comento las sensaciones que estoy experimentando. Ella con toda naturalidad me comenta que también le pasa ¡¡¡Uf, qué descanso!!! ¡¡¡estamos los dos en el mismo estado!!! Y seguidamente ella me contó esta historia que escuchó en los EEUU.

Los tramperos de América del Norte para poder llegar a tierras inexploradas contrataban a guías nativos, los indios americanos. Durante una de las exploraciones la comitiva remontaba un río con sus canoas. Tras varias jornadas de exploración los indios se pararon y montaron el campamento sin razón aparente, ya que esa jornada no habían recorrido apenas km. Los tramperos estupefactos preguntaron porqué no avanzaban. Los indios, sentados alrededor del fuego, saboreando lentamente el humo de sus pipas los miraron como quien mira al infinito, y tras una humeante pausa el explorador jefe le dijo “estamos esperando que el alma nos alcance, hemos viajado demasiado rápido para ella”
En mi caso mi alma se reencuentra con mi cuerpo a los 4 días y a mi compañera le ha costado dos días más. Cuando se materializa el reencuentro te sientes pleno y completo, pasando el viaje en ese momento a ser parte de ti, conectando con el lugar donde estás.
Nuestra rutina ha sido despertarnos a las 9, desayunar compartiendo experiencias e inquietudes hasta el medio día, recoger las furgonetas y conducir  hasta la puesta de sol con el objetivo de llegar a algún lugar en donde pudiéramos dormir con cierta seguridad. Aquí mi compañera y yo nos diferenciamos sustancialmente. Ella necesitaba un destino final programado, yo necesito no saber donde voy a dormir para que la incertidumbre alimente mi sorpresa y me haga creer que el universo me da lo que necesito en cada momento. Una de las mejores jornadas de mis viajes en bici por Georgia en 2015 fue el día que decidí quedarme otra jornada más en el hotel para descansar y la recepción me dijo que no había disponibilidad para ese día. Me tuve que subir a la bici e improvisar una jornada mirando el mapa sin saber donde iba. Tras una siesta a la sombra decidiendo que hacer, terminé durmiendo esa noche en un lago mágico cerca de la frontera armenia.


Se que viajar así puede generar un alto grado de ansiedad en ciertas personas, pero es lo que más se parece a la exploración de lo desconocido que realizaban los aventureros de siglos pasados. Actualmente llevamos una pantalla azul delante de nuestros ojos que nos anticipa que vamos a ver, dejando atrás la posibilidad de la sorpresa y quitando emoción a la exploración de los desconocido. Para eso viajo

¡Qué me ha llevado a partir!