Km día: 98,08 km
Tiempo día: 5h 42m
Velocidad media: 17,17 km/h
Velocidad máxima: 55,48 km/h
Recorrido: partimos de Mestia dirección Oeste por la carretera nº 7, parando a acampar aproximadamente a la altura de Totani.
Os preguntaréis que a este Coco, con la flipaera de su viaje, se ha dejado un día por detrás. ¡Noooo! Ayer, 8 de agosto, nos fuimos a patear un monte de los más bonitos del Caucaso, el Ushba (4700m).Tal fue la emoción, con respecto a mi forma física, que me puse a tirar delante del campeón, Federique. En la tercera parte de la ascensión, el peso de la altura pudo con mi cuerpo y mente. Cada paso que daba, era plomo en mi cabeza, a eso se le llama mal de altura. Ni corto ni perezoso, la bajada la hice corriendo, algo que no he hecho en mi vida ¡estaba de subidón! Llegue a la pensión que no sabía ni como me llamaba, menos mal que llevaba un papel con mi nombre y la dirección de donde estaba alojado, sino me veía deambulando por la cuidad con los ojos vueltos y babeando. Todo esto lo pagué al día siguiente con creces.El 9 por la mañana era un bloque de músculos y huesos. Subirme en la bici era como empujar un carro de hierro cargado de piedras por la arena de la playa. A mi favor fue el primer tramo del día, que lo hicimos cuesta abajo, casi en su totalidad. Descendimos todos juntos por un bonito valle, verde y frondoso que nos hizo parar para admirar su belleza inigualable. Mi estado energético no me permitía levantarme de la bici para pedalear, solo podía mantener un ritmo constante y bajo.
Justo cuando el río se represaba, llegó lo que menos quería en ese momento, ¡VIENTO! Mi pesadilla pasó a ser calvario, emitiendo únicamente sonidos guturales a las preguntas de mis compañeros. Como yo era el que llevaba el frontal a mano, cuando pasábamos los túneles, me tocaba encabezar la comitiva, algo que me ponía en alerta y me hacia olvidar mi super estado energético. Pasado el periodo de oscuridad volvía a mi oscuridad personal. Así fui pasando por curvas, túneles, puertos, repechos hasta que me olvidé de todo y entré en un estado de no dolor.Esta situación, si estuviera viajando solo, no hubiera ocurrido, sencillamente, estaría todo el día en la cama, pero es el precio que hay que pagar por ir con tan buen grupo.
Rondando los 100km y con la noche cerca tocaba buscar donde dormir. La confianza de llevar tienda de campaña hace que la incertidumbre no sea una losa que que pesa en la cabeza. Enviamos, otra vez, a dos exploradores para que bajaran al borde el embalse, por un camino incierto. Las noticias no pudieron ser mejores. Encontramos una zona plana, a unos metros del agua, donde podíamos plantar las tiendas, darnos un baño y hacer un fuego para crear hogar. Con una buena cena y el fuego fuimos cerrando los ojos poco a poco hasta que... llegó EL VIENTO. A las 12 de la noche el viento del valle se invirtió y zarandeo las tiendas como si fueran bolsas. Gracias al peso muerto que había dentro, no se fueron rodando por la pendiente abajo. Que día ¡madre mía!
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