martes, 18 de agosto de 2015

GEORGIA 10 de agosto: Control policial


10 agosto 2015: Control policial

Km día: 58,62 km

Tiempo día: 4h 22m

Velocidad media: 13,42 km/h

Velocidad máxima: 60,48 km/h
Recorrido: no lo tengo claro

Yo seguía afectado por el cansancio y el dolor de piernas, pero estaba mucho mejor que ayer. Nos faltaba por bajar la mitad del embalse, esta vez con el viento a favor y recién levantados (no es lo mismo). En cada túnel, el mismo proceso, luz blanca el de delante y luz roja el de atrás. Fue una bonita bajada para despedirnos de las grandes montañas. Justo en un alto, pasando la cabecera del embalse, se divisaba a lo lejos, la zona que teníamos por delante, y se intuía y veía el calor. Una bajada vertiginosa hasta el fondo del valle y allí nos esperaba la policía. En una de las múltiples paradas para ver el mapa, la policía al vernos consultar el mapa, nos preguntó “hacia donde vais”. Ellos, muy amables, se ofrecieron a guiarnos por la ciudad para que no nos perdiésemos entre tanta casa y carril. En su buen hacer, no llevaron por la ruta más complicada posible, en donde tuvimos que superar uno de los puertos más duros del viaje, a las dos de la tarde. Creo que estos funcionarios, no eran conscientes del peso que llevaban nuestras piernas. Sudamos de lo lindo y el grupo se estiró como una goma. 
El coche de la policía cerraba la comitiva, a unos 5 metros del último. Sentir un traqueteo constante detrás tuya, con lo difícil que es mantener el equilibrio con esas cuestas y piedras, agobia hasta a un campeón de motocicletas. 
El camino, aderezado por un calor del que ya nos nos acordábamos, se convirtió en un infierno, siendo Elena y yo los que nos plantamos y dijimos “o paramos o yo no sigo”. Un golpe de calor nos dejó flojos y tuvimos que parar a la sombra para bajas 5ºC, y la policía seguía ahí. Hasta se hicieron una relevo con los del siguiente pueblo. Finalmente llegamos a un pueblo,a 30 km del inicio del calor, donde la policía se retiró sigilosamente, siendo la mayor atracción del pueblo bañarse en el frío y caudaloso río, pero antes de poner nuestros huesos a remojar, nos llevamos a nuestras gargantas unas cervezas frías con pan sin lugar a dudas.

La tarde la pasamos a remojo, tirado en la hierba, la cual compartíamos con la gente del lugar, vacas, perros y cerdos. Todos fuimos bajando la temperatura corporal y durmiendo una siesta merecida.

 Con los dedos arrugados y la piel fina, por este tipo de agua, volvimos a montarnos en las bicis, esta vez sin escolta y con el placer de pedalear con la temperatura perfecta. La luz del atardecer nos hizo transportarnos a la más exuberante jungla de un país del sudeste asiático, ¡que país más fértil!.

Con la poco luz que nos quedaba, no teníamos otra opción que pinchar las tiendas, pero esta vez íbamos con información que nos pasaron Patricia y Oscar (dos cicloaventureros profesionales) que conocimos en Mestia.

Comimos y caímos dormidos, endulzando nuestros oídos por los cantos a dúo de Elena y David.

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