miércoles, 19 de agosto de 2015

GEORGIA 11 de agosto 2015: Surrealismo ciclista

11 de agosto 2015: Surrealismo ciclista
Km día: 58,32 km
Tiempo día: 3h 53m
Velocidad media: 15,00 km/h
Velocidad máxima: 50,88 km/h

Recorrido: no lo tengo claro
David y Elena, la primero que hicieron por la mañana, es pedir disculpas por su repertorio de desafinos (según ellos) y si, realmente desafinan un poco, pero eso da igual, lo importante es la intención y no tener vergüenza para hacer lo que realmente quieres. Si en la vida, tienes vergüenza por hacer algo, seguramente cuando seas viejo dirás “tendía que haberlo hecho...”
Como todas las mañanas, que dormimos en el campo, todos nos organizamos para recoger las tiendas, hacer un rico café espumoso, preparar las tostadas con aceite y tomate (esa es la ilusión de más de uno). Retomamos las pedaladas, con el tono cansino de todas las mañanas, con paradas continuas para retocar las alforjas, para hacer alguna que otra foto, con la maravillosa luz de la mañana y reponer víveres necesarios para estar tranquilos en la bici. Entramos en una de las múltiples tiendecitas que jalonan las carreteras de este país. 



Compramos algo para desayunar y entre otras cosas, una sandía que nos cortó la señora tendera y nos la comimos en la acera de enfrente “¡PA QUE!” inmediatamente se arremolinan dos chavales que nos piden las bicis. Nos costó un poco dejárselas pero finalmente, con nuestro corazón encogido, se pasearon dando tumbos por el peso de las alforjas. Al vernos, se acerca un señor mayor, fornido y forjado en el campo, con manos de trabajador y me dice “Ven, te voy a enseñar una cosa”. Me llevo a ver su casa, sus vides, su toneles y lagar para pisar la uva, con el orgullo de alguien que crea un néctar sacado de la tierra. Ni corto ni perezoso tomo una jarra de vino, unos vasos y nos fuimos a ver al grupo que esperaba fuera expectante. En Georgia, una de las cosas a las que tienes que estar preparado, es a recibir un pelotazo de vino a cualquier hora del día. Continuamos, con la carita sonrojada y el corazón bombeando sangre a tope, afrontando un puerto de montaña, en no muy buenas condiciones.Íbamos buscando una garganta,en donde se podía alquilar una patín a pedales o un barca
hinchable con remero. Nos metimos en uno de los lugares más emblemáticos para los turistas georgianos, en donde se podía comer, nadar, pedalear en patín,
mirar como rema el remero,...pensado para el turista. Esto a mi no me gusta nada de nada, me quedé en la entrada de la garganta con mi actividad habitual cuando mis compañeros hacen algo que a mi no me apetece, ¡ESCRIBIR!. Tras la alucinante actividad extrema en la garganta, nos pusimos en marcha para intentar llegar a nuestro destino del día.
El camino, pasó a ser una rosario de casas

de campo, con sus pequeños huertos, sus tendederos llenos de ropa multicolor, su pozo. A mi esto me estaba dando mucho placer, recorrer esa carretera viendo de reojo como la gente vive su día a día ¡me encanta!.
De pronto, el pelotón de ciclistas, envió un emisario a mi altura para que me pegara a ellos y formáramos una fila compacta y acelerar el ritmo. A mi eso siempre me ha costado mucho y más estando todavía tocado por la jornada de montañismo. Me puse a rebufo y en pocos minutos me descolgué, no podía con mi alma y además veía absurdo perderme todo el paisaje, por llegar más temprano. Hice muchos km solo, hasta que nos reagrupamos a pie del puerto de montaña, final de etapa.
¡El puerto es otra cosa!, ahí se me cambió el celebro y pasé a modo competición, algo que me pareció surrealista. Ver a 5 cicloaventureros, cargados hasta las trancas, sudando a chorro y dando pedaladas hasta le extenuación para ver quien llegaba primero, eso no se lo cree nadie si no lo ve. Curva tras curva, fuimos desgranando al grupo, hasta quedarnos solo Federique y yo. Llegamos extenuados y con las caras desencajadas, ¡ABSURDO! 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

¡Qué me ha llevado a partir!