Km día: 101,05 km
Tiempo día: 7h 4m
Velocidad media: 13,05 km/h
Velocidad máxima: 54,00 km/h
Recorrido: partiendo de Baghdati, dirección sur por la carretera nº 14, pasando por Udabno, Sairme, Aracendo y terminando en la ciudad de Akhaltsikne
Y llegó el momento de afrontar el viaje solo. No sabía lo que tenía por delante, el mapa me
daba una información que podía ser cierta o no. Con agua suficiente y posibilidad de encontrarla por delante, con algo de comida energética, para un posible tramo solitario y todas las ganas de descubrir, me monto en la bici y a ¡pedalear!.
Comienzo a discurrir por un valle muy fértil paralelo, como siempre, a un río bastante caudaloso. A los costados iba dejando casas y pequeñas poblaciones que me dejaban bastante tranquilo a la hora de una avería o percance. La carretera tenía un buen asfalto, con pocos repechos de importancia, que hizo los primeros 30 km muy agradables y fáciles de ciclar. Al llegarme la hora de la guza (hambre mala), me paré en la típica venta de carretera, donde hice lo del día anterior, pero esta vez señalando con el dedo el plato que se estaban zampando los míticos camioneros que paran a comer. ¡qué rico plato de verduras con caldo!
Retomo la carretera y a los pocos km me encuentro un complejo turístico salido de la nada.En el pueblo de Sairme envasan agua mineral y alrededor del agua hay montado un negocio turístico para gente que quiere beber “agua buena”. Hay unas cabinas cilíndricas numeradas con varios grifos para que la gente tome agua. Dejo esto, por llamarlo de alguna manera, y al salir del pueblo, me encuentro lo que más temo en el mundo ¡la mítica carretera, que no es carretera sino camino, de piedra pura! Miré hacia arriba, apreté los dientes y a darle a los pedales con ganas y concentración.
¡Durante 25km, si 25km!, este camino no
paró de ascender sin ningún descanso posible, la base de piedra me destrozó el culo y la moral, llegando a pensar, en varios momentos de la ascensión si realmente me merecía la pena tanto esfuerzo y sufrimiento, no solo ese día sino en el estilo de viaje que normalmente elegía. La conducción, en algunos momentos, era bastante peligrosa porque podía perder el equilibrio y caer de costado sobre un montón de piedras. En ese aspecto estaba tranquilo porque no dejaron de pasar coches que jaleaban mi hercúleo esfuerzo. Entre pedalada y gota de sudor paraba para mirar los barrancos, las laderas repletas de vegetación, comía algo y no dejaba de darme ánimos.
Por fin, el la lejanía, pude ver el final del puerto, me quedaba tres giros para coronarlo, y ante mi apareció un farallón calcáreo que me despejó todas las dudas anteriores.
Realmente estaba delante de algo maravilloso que la naturaleza había creado. Continuo subiendo hacia el collado y mi sorpresa fue que me faltaba todavía más de lo que había calculado, otra vez a poner modo esfuerzo en mi mente y a subir. Finalmente llegue al otro lado y allí descubrí un valle totalmente diferente, con poca vegetación, con una luz taciturna muy bonita y bañado por jirones de nubes que rozaban la ladera silenciosamente.
Comienzo a bajar, otros 30 km de camino de piedra, sin interrupción. Pasando por zonas muy rurales, entre árboles y vegetación
frondosa, cruzo cauces de riachuelos,..todo eso con los frenos a tope para no perder el equilibrio y dar con mis huesos en el suelo. Me tenía que parar cada media hora para desbloquear las muñecas del esfuerzo en la bajada. Una de las bajadas más bonitas que he realizado hasa ahora en el viaje.
Una vez se terminó la tierra, comenzó un buen asfalto pero no terminó la bajada hasta unos 20 km más. Fui circulado por una carretera en la que las casas eran como señoriales, casas grandes tipo colonial de sudamérica. Una de ellas, me llamó poderosamente la atención por lo grandiosa y espectacular que era, a pesar de los deteriorada que estaba me paré en la entrada. Rápidamente un hombre me dio el encuentro y me dijo que era un sanatorio para tuberculosos. El hombre, como os podéis imaginar, no tenía muy buena cara, pero peor cara tenía el edificio donde supuestamente iban a sanar.
Continuo bajando y al llegar la la zona plana me doy cuenta del cambio de vegetación y humedad que se había producido. Esta zona era más seca, sin vegetación exuberante y dedicada al cultivo de trigo. Pongo en marcha el modo “llegar al hotel” bajo la cabeza y por delante 17 km de carretera con una intensa circulación que me puso los pelos de punta por lo cerca que me pasaron algunos camiones.
Llegue sano y salvo, encontrando relativamente rápido un hotel barato y cómodo. Llegué tan descolocado que al entrar al hotel, otro cilcloaventurero intentó conversar conmigo, pudiendo solo intercambiar algunas palabras en inglés antes de irme a la cama a descansar. Este es el precio que hay que pagar por un día tan intenso y maravilloso. ¡Me gusta esto!
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