16
de agosto 2015 ¡Viva la intuición!
Km día: 62,31 km
Km día: 62,31 km
Tiempo
día: 5h 18m
Velocidad
media: 11,75 km/h
Velocidad
máxima: 33,75 km/h
Recorrido:
parto de Borjomi, hacia el sureste, por la carretera nº 20, hacia
Bakuriani.
Continuo por esa carretera, tomando a la izquierda una camino que me llevará al lago Tabastskuri como punto final.
Me levanto con la intención de salir de esta cuidad superturística y preparada para gastar dinero. Justo cuando estoy cerrando las alforjas, me da una bajonazo de energía, y decido aplazar la salida para el día siguiente. En ese momento me acordé de la norma 6+1 (6 de bici, 1 de descanso), la estaba incumpliendo. Fui a hablar con la regenta del hostal para pedir una ampliación de contrato y me dio una muy mala noticia, ¡no había disponibilidad de habitaciones al precio de 50 geles!, lo que había eran habitaciones más grandes y caras. Con la “cara partía” me volví a la habitación para terminar de cerrar las alforjas y volver a la carretera. Antes de partir y por lo pudiera pasar, me fui a comprar víveres, porque no sabía donde me iba a meter.
Continuo por esa carretera, tomando a la izquierda una camino que me llevará al lago Tabastskuri como punto final.
Me levanto con la intención de salir de esta cuidad superturística y preparada para gastar dinero. Justo cuando estoy cerrando las alforjas, me da una bajonazo de energía, y decido aplazar la salida para el día siguiente. En ese momento me acordé de la norma 6+1 (6 de bici, 1 de descanso), la estaba incumpliendo. Fui a hablar con la regenta del hostal para pedir una ampliación de contrato y me dio una muy mala noticia, ¡no había disponibilidad de habitaciones al precio de 50 geles!, lo que había eran habitaciones más grandes y caras. Con la “cara partía” me volví a la habitación para terminar de cerrar las alforjas y volver a la carretera. Antes de partir y por lo pudiera pasar, me fui a comprar víveres, porque no sabía donde me iba a meter.
Sentarme
encima del sillín, este día fue la peor decisión de mi vida. Por
delante tenía 27km de una carretera en buen estado (menos mal), pero
lo que no estaba en buen estado era mi mente. Mucho calor y un puerto
de montaña interminable, que discurría paralelo a un trenecito, el
Electicity, que llevaba a la gente desde Borjomi a Bakuriani “¿porqué
no habré cogido el tren?” me preguntaba mientras subía:
-1ª el tren había salido a las 10 de la mañana y lo había perdido.
-2º el orgullo no me permitía hacer tramos en otro medio que no fuese la bici.
Si no es estrictamente necesario, no me bajo de la bici para hacer un tramo del viaje. Ese concepto lo tengo muy claro. Si no es posible hacer lo que quiero en bici, doy un rodeo o busco la forma de no bajarme.
Con más mala cara que un chino con fatiga (ganas de vomitar en Cádiz) llego a duras
-1ª el tren había salido a las 10 de la mañana y lo había perdido.
-2º el orgullo no me permitía hacer tramos en otro medio que no fuese la bici.
Si no es estrictamente necesario, no me bajo de la bici para hacer un tramo del viaje. Ese concepto lo tengo muy claro. Si no es posible hacer lo que quiero en bici, doy un rodeo o busco la forma de no bajarme.
Con más mala cara que un chino con fatiga (ganas de vomitar en Cádiz) llego a duras
penas a la cuidad de Bakurani. Otra cuidad repleta de
turistas, coches, calor, pitos,...lo que no me apetecía para nada.
En mi mente rondaba “¿me habré equivocado en la decisión de
tirar por aquí?” “¿debería seguir a mi intuición y
continuar?”. Todas estas dudas, la mejor forma de aclararlas fue
tomando una buena siesta reparadora. Para que llegara el sueño, me
compré un par de panes rellenos de queso, una pepsicola y me las
zampé a la sobra, en un parque tranquilo. Cuando me llegó el sopor,
reposé mis huesos en el suelo arropado por la bici y las alforjas
para sentirme como el sofá de mi casa.
Fueron
pocos minutos pero suficientes para descansar y volver a la bici.
Milagrosamente tenía mucho vigor y ganas de pedalear, así que tomé
el camino que me llevaba al lago, ¡la decisión estaba tomada!. Nada
más empezar el camino llegaron mis amigas las piedras, hace tiempo
que tengo una relación muy cordial con ellas, particularmente mi
culo se alegra mucho de volver a sentirlas. El camino comenzó a
ponerse difícil, por las maravillosas piedras y la pendiente, además
se me había olvidado cargar agua y las fuentes que aparecían en el
camino estaban secas. En ese momento pensé “si las de abajo están
secas, las de arriba ni te cuento”. ¡Bueno!, tiré sudando como un
pollo, con la mente puesta en una fresca y abundante fuente. El
camino cada vez se ponía más duro y complicado, además el día
amenazaba agua, las nubes cada vez más bajas estaban formando niebla
y empezaba a hacer frío. Por suerte apareció ante mi una fuente de
agua muy rica que me reconfortó y me dio la fuerza necesaria para
continuar pedaleando en una niebla que paso a ser espesa y fría. Los
coches con los que me cruzaba llevaba las luces puestas y no los veía
hasta que estaba prácticamente encima mía. ¡que días más duro!,
no me esperaba estar en semejante situación, empezaba a estar un
poco preocupado por las condiciones meteorológicas, perdido en medio
de la nada.
Una vez coronado el puerto, veo dos luces de coche que me apuntaban en la niebla directamente a los ojos. De la espesura blanquecina aparece un militar pertrechado con una metralleta en las manos dándome el alto y pidiéndome el pasaporte. Le pedí amablemente,antes de identificarme, resguardarme del viento y el frío detrás de la caseta de control y mientras comprobaban mi identidad me puse ropa de abrigo para no quedarme en el sitio. Pasé el control sin problemas y comencé a bajar entre la niebla espesa y los coches que subían a toda pastilla. Fue un descenso complicado, lleno de baches y torrenteras que
Una vez coronado el puerto, veo dos luces de coche que me apuntaban en la niebla directamente a los ojos. De la espesura blanquecina aparece un militar pertrechado con una metralleta en las manos dándome el alto y pidiéndome el pasaporte. Le pedí amablemente,antes de identificarme, resguardarme del viento y el frío detrás de la caseta de control y mientras comprobaban mi identidad me puse ropa de abrigo para no quedarme en el sitio. Pasé el control sin problemas y comencé a bajar entre la niebla espesa y los coches que subían a toda pastilla. Fue un descenso complicado, lleno de baches y torrenteras que
puso mi atención al 100%. A medida que bajaba la
niebla se fue disipando y apareció ante mi un cielo azul sobre una
pradera verde, de hierba corta. El camino se retorcía para ir
bajando por la ladera de la montaña, dejando a los costado pastos
para el ganado y rebaños de ovejas y vacas pastoreados por gente del
lugar. Este ambiente bucólico en el que me encontraba, fue
destrozado por tres impresionantes perros, mezcla entre mastín y
caballo, que ladrando como si hubieran visto a un oso, corrían hacia
mi. Al alcanzarme me rodearon con sus impresionantes zarpas,
sentiendo sus alientos detrás de mi nuca, sus fauces, llenas de
afilados dientes, las veía de reojo al no poder perder de vista el
complicado camino para no caerme y ser devorado, en ese momento
comencé a gritar con todas mis fuerzas para ahuyentarlos, los puse
de punta en blanco y no paré de pedalear hasta la extenuación. Al
rato, los guardianes del infierno, se cansaron y volvieron con sus
amos, a los cuales también les mandé un par de recaditos, vía
aire. Me costó bastante rato recuperar el aliento y el color de la
cara.
Esto
es normal en todos los perros que me he encontrado por el camino, de
hecho, nos acompaño durante cuatro días una perra que hacía lo
mismo con las vacas, coches, motos, bicis y todo lo que se moviera y
supusiese un peligro (supuestamente) para nosotros.
Continué
sin ninguno otro percance, con “el mejor amigo del hombre”,
disfrutando de unas vistas espectaculares de las praderas, viendo
como los pastores recogían el ganado con la paz que da el campo y
rodando por una camino muy agradable de ciclar.
Ante
mis ojos, poco a poco, fue apareciendo la silueta de un precioso
lago, que quedaba unos cientos de metros más abajo. Bordeando el
lago, un pequeño pueblo, con sus casitas preciosas que miraban al
agua. No pude más que decir “no estaba equivocado, mi intuición
me ha traído al lugar apropiado”. Bajé hasta el pueblo y en la
cantina-bar pregunté donde podía dormir. Rápidamente escuche en
español “no te preocupes, yo te llevo”. Era Iñigo, un viajero
curtido con el que rápidamente encaje. Me guió a una bosque junto
al lago, perfecto para pasar la noche. Mientras cenábamos, charlamos
cada uno de nuestras vidas en una agradable velada. No quedó ahí la
cosa, ya que por detrás resonaban truenos y resplandecía el
horizonte por la llegada de una tormenta. Nos pusimos a trabajar,
todo lo más rápido que pudimos, para montar la tienda de campaña y
justo a tensar el último viento la tormenta descargo un golpe de
agua impresionante. Sanos y salvos en la confortable tienda,
continuamos nuestra conversación hasta que el cansancio pudo con
nosotros.
Buen
y feliz día. Para esto viajo a mi estilo.
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