sábado, 22 de agosto de 2015

GEORGIA 17 de agosto 2015: Un regalo de la dama del lago

17 de agosto 2015:Un regalo de la dama del lago
Km día: 66,35 km
Tiempo día: 4h 32m
Velocidad media: 14,61 km/h
Velocidad máxima: 35,12 km/h
Recorrido: parto del el lago Tabatskuri dirección sur, pasando por una maraña de pueblos, para comer en Akhalkalak. Seguir hacia el sur por la carretera nº11 para dormir en Minotsminda, muy cerca de la frontera Armenia.
Después del la tormenta viene la calma, y esto no es un recurso literario, sino es lo que pasó realmente. La tormenta en la que nos dormimos, por la mañana había pasado y antes de abrir la cremallera de la tienda imaginábamos que íbamos a tener un bonito amanecer.

La realidad superó a nuestra imaginación con creces. El Este estaba justo al otro lado del lago, y los restos de nubes que todavía quedaban de la tormenta hacían que el alba fuera todavía más espectacular. El sol fue despertando poco a poco, igual que nosotros, mientras seguíamos con la conversación truncada por el sueño de la noche anterior.  Nuestras caras se iban iluminando poco a poco por los rayos del sol reflejados en una espejo de agua plateada, sabiendo que estábamos en el lugar apropiado a la hora perfecta. Este instante, es el que cualquier viajero busca en su imaginación. Salir del saco, preparar un café y esperar que amanezca en un lugar así es un sueño cumplido.
Iñigo, al ser un viajero a pie, partió más pronto y me quedé terminado de recoger la tienda y

pertrechos de la acampada. A los pocos minutos de volver a la soledad, por un costado del lago comenzó a entrar uno jirones de niebla, como si de un fantasma se tratara. Con la parsimonia que caracteriza a esa sustancia blanquecina, fue inundando el fondo del lago, provocando unos efectos mágicos en el agua y montañas del fondo. Falto que saliera la dama del lago y me diera la espada Excalibur, para poder luchar desde mi corcel con ruedas, contra los perros-caballo. Ningún sirviente del infierno se atrevería a acercarse a mi montura y el que osara importunarme probaría el poder de Excalibur.
Con la seguridad de que la dama del lago me protegía, continué mi viaje hacia tierras Armenias. La charla con este gran viajero, me hizo cambiar de planes. Inicialmente iba a bordear el lago y seguir hacia el este, pero como no tenía obligación de seguir ningún plan establecido, decidí ver que había por Armenia.
Ya estaba en tierras armenias aún estando en tierra georgiana. Toda la población de esta zona es de Armenia, así me iba aclimatando poco a poco.
El viaje por la maraña de pueblos que me encontré fue muy agradable. Un camino de piedra que no me incomodó en absoluto, dado que el poder de excalibur estaba conmigo. Fui pasando por pequeñas poblaciones rurales, en donde la gente del lugar reflejaban en sus caras la dureza de sus vidas. Me crucé con una señor mayor, con un bigote mórsico, unas cejas espesar,  con la cara curtida por el tiempo y con  unos ojos tan brillantes que vi reflejada mi bici en sus cristalinos. Niños con la inocencia inmaculada, señoras mayores con sus ropajes muy bien conjuntados. Todos miraban con la curiosidad de saber que hace este personaje por aquí con una bici.
Fui pasando pueblo tras pueblo hasta llegar a Akhalkalak. Tras pasear por varias calles preguntando a la gente del lugar, por un sitio para comer y esquivar a un taxista que me quería llevar a un restaurante en su taxi, entro en un pequeño bar en donde ¡sorpresa!, allí esta Iñigo sentado, terminado su cerveza y bocadillo. No habían pasado ni 5 horas y volvíamos a vernos. La probabilidad de encontrarnos era baja, pero la dama del lago estaba conmigo y me regaló, otra vez, la compañía de este personaje para que me confeccionara el plano fundamental para no perderme en Armenia.
Nos despedimos por última vez, ya que él giraba en la ruta hacia otro punto
cardinal y yo ciclaba en dirección contraria, hacia el sur, por la carretera nº 11 hacia Minotsminda. Trayecto duro por la hora y el viento de cara pero reconfortante por la incertidumbre de pasar la frontera hacia Armenia.
Ya en la ciudad me constó encontrar un alojamiento. El primer y único hotel que había, estaba cerrado, gracias a la información que un caballero me proporcionó al verme totalmente desolado al no poder contactar con el dueño del hotel por teléfono. Él, se acercó, tomó su teléfono y llamó para ver si había habitaciones disponibles. La gente es muy amable por aquí.
Seguí preguntando y tras un rato dando vueltas conseguí alojarme en un “hotel” a 5 geles (2,5€) la noche. Os podéis imaginar las condiciones. La habitación era una antigua cuadra, eso creo, llena de moscas con una araña como reina del lugar y con dos camas de orfanato de la U.R.S.S. No tenía ducha y el baño era un agujero en el suelo por donde salía un olor muy agradable para ir después de comer. Hice pis varias veces y no os quiero ni contar los olores que salían desde ese agujero. Hace mucho tiempo que no estaba en un lugar tan cutre, desde Indonesia.
Pasé la tarde escribiendo y me fui a cenar a club-pub. Por 12 geles (4,8€) puedes tomarte un kebap con dos cervezas bien frías, hablar un poco con la gente del lugar y poco más.
No me apetecía nada meterme en el agujero, en donde estaba durmiendo, pero era lo que tenía. Iñigo y Xavi (el biólogo que comió oso) comentaron que por la zona habían encontrado pisadas de oso e incluso  habían tenido un encontronazo con uno de ellos. Con esa información, perdonarme que sea tan pijo, pero yo no duermo en el campo si no es estrictamente necesario. ¡Viva la dama del lago!

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