sábado, 22 de agosto de 2015

GEORGI 18 de agosto 2015: Armenia

18 de agosto 2015 Armenia
Km día: 88,69 km
Tiempo día: 5h 14m
Velocidad media: 16,93 km/h
Velocidad máxima: 48,55 km/h
Recorrido: parto desde Ninotsminda dirección sureste por la carretera nº 11, para pasar la frontera e ir dirección Gyumri como destino final.
Salí más pronto de lo normal del “hotel” porque me estaba dando mucho asco todas las moscas que rondaban a mi alrededor. Me fui a un comercio local, que aquí llaman Market, para comprar algo de pan y queso para desayunar y tener suficiente comida para el paso de la frontera. Como no tenía mapa de lo que iba a ver, no sabía cuantos km sin avituallamiento

me iba a encontrar, entonces por si acaso, llevé un poco más de peso en las alforjas.
A los pocos km me encontré con la frontera. Tuve que pasar tres controles de pasaporte, eso si, sin pagar nada y sin emitir ningún documento o visado. Solo enseñando el pasaporte, y si todo está en regla, te lo sellan y entras sin problemas.
Nada más pasar la frontera te dan al encuentro gente para cambiar moneda. Si vais a ir por allí algún día tened claro a cuanto está el cambio del euro o geles porque os pueden timar. Tenía claro cuanto era el cambio de geles a dram armenio y al ver lo que me ofrecían les dije que no. Ellos al ver que no aceptaba el precio me ofrecieron regatear, a mi eso me cabreó y les dije que no quería hacerles una oferta. Me señalaron la puerta con muy mala cara y me fui. Como llevaba comida de sobra no necesitaba comprar para comer, así que estaba tranquilo, e intentaría cambiar en la ciudad.
Armenia, es muy diferente a Georgia. No hay grandes extensiones de vegetación, ni

bosques espesos, ni huertos con diferentes cultivos. Las montañas son más redondeadas, las tierras están dedicadas al cultivo del trigo y al pastoreo del ganado. En esta época los ganaderos van contra reloj recogiendo pastos para el invierno y los camiones van del sur al norte cargados de alpacas de hierba fresca. El frenesí del verano se nota por todos lados, porque el invierno aquí tiene que ser muy duro.
A lo largo de las carreteras, justo donde hay una fuente, hay pequeños merenderos con una mesa, una barbacoa y sillones corridos para que la multitud de gente que viaja en la

furgonetas, tengan un lugar para comer y descansar un rato, en sus largos y cansados viajes. En uno de eso merenderos paré para hacerme de comer y disfrutar de las vistas.
Retomé la carretera con ganas y a medida que fui profundizando me fui encontrando con algunas montañas y puertos que pusieron a prueba mis piernas. No muy tarde llegue a mi destino final,  Gyumri. Esta es una gran cuidad, del tamaño de Granada, más o menos, con actividad industrial y mucho tráfico. Primero cambié dinero en una oficina de cambio, el euro estaba a 520 drag, muy fácil para hacer el cálculo de cambio en la cuidad. Me puse a buscar alojamiento y ha sido el lugar donde más difícil me ha resultado encontrar algo. Es una cuidad cara en ese aspecto, todo lo que había eran hoteles de lujo, de estos que en la fachada tienen estatuas doradas y lámparas tipo araña colgando del techos. Di con un taxista que me informó de estos pormenores e intentó alquilarme un container habilitado para vivir dentro. Esta fue su casa desde hace 10 años, porque la que tenía fue destruida por un terremoto. Me la alquilaba por 10€, sin ducha y muy cutre. No acepté su oferta porque no quería meterme en otro lugar parecido del que venía.
Finalmente tras una hora de vueltas y varios km me metí en un hotel de lujo a 30€ (15000 drag) la noche. Pasé de lo más cutre a lo más lujoso, toda una contradicción.
Para rematar, me fui a cenar a una zona que había visto en mi búsqueda de alojamiento. Una zona humilde de gente trabajadora, en donde una señora muy entrañable me puso de comer y beber con mucho cariño. Esto es una de las cosas que más me gusta hacer en los viajes, sentarme a comer los restaurantes populares y mirar como hacer el día a día la gente del lugar. No somos tan diferentes. Nada más terminar y poner un pie en la calle, noté como me caían gotas en la calva (gran detector de tormentas), no tarde en cruzar la calle ni 5 segundos y se había desatado la tormenta del siglo, cayendo cubos de agua del cielo, acompañados de un viento huracanado. No tardó la calle en inundase y colapsar el alcantarillado. Mientras miraba como la alcantarilla intentaba tragarse semejante cantidad de agua, agradecí la decisión de meterme en un hotel tan caro, porque si me coge en el campo, la tienda de campaña se la lleva por delante la tormenta y a mi dentro.
Una vez más la dama del lago me protegía.

1 comentario:

  1. Buenísima las crónicas. A la espera de más aventuras. Te estaré siguiendo. buen viaje

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¡Qué me ha llevado a partir!