sábado, 15 de agosto de 2015

GEORGIA 5 de agosto 2015; Reconciliación


5 de agosto 2015: Reconciliación

Km día: 41,82 km

Tiempo día: 3h 41m

Velocidad media: 11,34 km/h

Velocidad máxima: 48,35 km/h

5 Horas andando por la montaña
Recorrido: Partimos de Khalde, bajando por un camino hasta reencontrarnos con carretera nº 7, giramos a la derecha dirección noroeste, pasando por las localidades de Vichnashi, Brogreshi, terminando en Chvabiani.

Esta noche, los amigos de la sangre ajena, se han puesto las botas. Todos hemos amanecido con unos tatuajes dignos del mejor artista underground de las agujas neoyorquinas. Estamos empezando a estar cansados de donar sangre a los bichos, sin ninguna contra prestación. No sabemos si es por los tábanos durante el trayecto en bici, o por los mosquitos durante la noche, o las posibles pulgas que pueda haber en la cama. En todo caso nuestra piel, casi por completo, más en las piernas, tienen pequeñas erupciones a las que estamos constantemente rascando.

Como normalmente nos ponen mucho para desayunar, hemos pedido tres desayunos para cinco, y nos hemos quedado un poco cortos. Lo hemos completado con unas galletas y fruta que normalmente llevamos de reserva. Con la barriga saciada, nos hacemos 4km, por un camino muy complicado, para acceder al comienzo del sendero que nos llevará a un collado, donde dejamos las bicis escondidas entre la maleza y nos disponemos a patear con lo justo de peso (un poco de comida y agua). Otra subida potente, al estar haciendo actividades deportivas con auténticos atletas de alto rendimiento (Elena ha sido 3ª de España en carrera de montaña), nosotros somos deportistas de bajo rendimiento y estamos dando buenos resultados para lo que entrenamos.

 Al llegar al collado, aparecieron otra vez las mismas montañas que el 4 de agosto, esta vez desde una perspectiva diferente, y creedme, realmente merece mucho la pena volver a verlas, porque salen otros picos que nos se ven desde el otro lado. Esta vez, los pixeladores, no tomaron ninguna foto, se dedicaron a mirar relajadamente la grandiosidad de este espectáculo, se tiraron al suelo para descansar y sentir la montaña en su más profundo interior. Parece ser que les caló lo que le dije (normalmente no me hacen ni caso) y justo cuando nos disponíamos a partir, plasmaron la realidad en esos artefactos que roban el alma a los indígenas de Bolivia.



Nos reunimos con Pedro en la pensión, tras recuperar las bicis, y descendimos lo subido el día anterior. Mi cara de estupor, no era para menos. Habíamos subido, cargados como mulas, por unas pendientes muy duras, que costaba mucho trabajo descender. Todos, aunque no se lo dijimos, agradecimos a David que pusiera tanto empeño en hacer esta burrada a regañadientes. Sino hubiese sido por él, nos habríamos perdido un gran momento del viaje.

Durante el descenso, la unión del grupo se acentuó más y más, todos nos mirábamos con la complicidad de estar viviendo algo muy bonito y complicado de gestionar entre 5 personas tan diferentes. En ese momento arrancamos a cantar el cancionero popular y como no, Kiko Veneno nos puso los pelos de punta con sus evocadoras letras. Descenso sin problemas técnicos pero con la incertidumbre en forma de truenos que nos detendría una media hora por un chaparrón. Llegó, otra vez, el momento de decidir que hacer entre los cinco. La amenaza de lluvia, con un puerto de montaña por delante nos hizo dudar, si continuar o dejarlo y buscar donde dormir. Yo que soy el menos experimentado en la montaña y el que menos arriesga en la bici, no estaba por continuar pero los demás si, así que apreté los dientes y a subir pedalada a pedalada un duro puerto.

Justo al descender y empezar a buscar donde alojarnos comenzó a llover y nos dio el tiempo justo para llegar a una pensión y dormir a salvo de la tormenta.

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¡Qué me ha llevado a partir!