km día: 73 km
Recorrido: Ronda, El Burgo, Ardales, El Chorro, Valle de Abdalajis
Que bien le ha sentado a mi cuerpo un día de descanso relativo. Tengo por norma en los viajes en bici, la 6+1, seis de bici, uno de descanso. Por la circunstancias que sean (falta de entrenamiento, demasiado calor, los años,...) la norma se ha roto y me he visto obligado a descansar antes de lo previsto. Tampoco pasa nada, la flexibilidad es la característica de este viaje.
Retomo la carretera con el consiguiente dolorcito de piernas y culo inicial, para no variar. Esas molestias se van disipando una vez que comienzo a serpentear por los campos que rodean Ronda.
Tuve la sensación de estar ciclando por la Toscana o por La Provence, lugares que todo el mundo conoce por lo menos de oídas. Éstas carreteras estaban arropadas de viñedos capitaneados por haciendas de estilo andaluz, donde las vides rebosaban vitalidad y verdor, mientras la cunetas desprendían una meloso perfume. A medida que iba avanzando, me acercaba al temido puerto del viento. Temido porque son dos elementos que si vienen juntos tumban al mejor ciclista. Para mi alegría, el viento no quiso acompañarme esta mañana y mis piernas recién estrenadas en la jornada matutina estaban plenas de fuerza y vigor. El puerto me resultó muy llevadero,disfrutando de cada curva y de las magníficas vistas calcáreas que me acompañaban. Lo mejor fue la bajada hasta la población de El Burgo. Una carretera en muy buen estado, que serpenteaba rodeada de un bosque de alcornoques precioso. Lo bueno de los puertos de montaña es que detrás siempre hay una placentera bajada que se disfruta silbando.
Siguiendo el estilo de éste viaje, tomo la carretera hacia Ardales, por la vía más desconocida y solitaria, al mirar alrededor no pude evitar dar un grito de alegría " QUE BONITA ES ANDALUCÍA" pero ahí no queda la cosa. Al llegar al Desfiladero de los Gaitanes, por el acceso norte, comenzó una de las bajadas más bonitas y placenteras que he realizado. Una carretera recién asfaltada que se iba adentrando en un bosque de pinos flanqueado por las altas paredes calizas de la garganta y adrezado por roca con forma sinuosa, gracias a la poderosa fuerza del agua.
Una vez en la parte sur de la garganta, tocaba decidir que hacer, donde dormir, que carretera tomar. Las condiciones climáticas bordeaban lo extremo a las 12 de la mañana y aquí el señor bruto, dueño de sus piernas, decidió tomar una carretera/camino por la ladera soleada (en plena ola de calor y alerta roja) para llegar al destino final. La incertidumbre estaba servida en bandeja al comenzar a pedalear con todo el desarrollo que podía darme la bici, por un camino muy empinado que no me ofrecía total seguridad de que me llevara a donde yo quería. Fueron unos momentos de mucha dureza por la pendiente y el calor que poco a poco fueron suavizándose por la imagen de mi destino final en la lejanía. ¡¡QUE ME GUSTA ESTO!!
Recorrido: Ronda, El Burgo, Ardales, El Chorro, Valle de Abdalajis
Que bien le ha sentado a mi cuerpo un día de descanso relativo. Tengo por norma en los viajes en bici, la 6+1, seis de bici, uno de descanso. Por la circunstancias que sean (falta de entrenamiento, demasiado calor, los años,...) la norma se ha roto y me he visto obligado a descansar antes de lo previsto. Tampoco pasa nada, la flexibilidad es la característica de este viaje.
Retomo la carretera con el consiguiente dolorcito de piernas y culo inicial, para no variar. Esas molestias se van disipando una vez que comienzo a serpentear por los campos que rodean Ronda.
Tuve la sensación de estar ciclando por la Toscana o por La Provence, lugares que todo el mundo conoce por lo menos de oídas. Éstas carreteras estaban arropadas de viñedos capitaneados por haciendas de estilo andaluz, donde las vides rebosaban vitalidad y verdor, mientras la cunetas desprendían una meloso perfume. A medida que iba avanzando, me acercaba al temido puerto del viento. Temido porque son dos elementos que si vienen juntos tumban al mejor ciclista. Para mi alegría, el viento no quiso acompañarme esta mañana y mis piernas recién estrenadas en la jornada matutina estaban plenas de fuerza y vigor. El puerto me resultó muy llevadero,disfrutando de cada curva y de las magníficas vistas calcáreas que me acompañaban. Lo mejor fue la bajada hasta la población de El Burgo. Una carretera en muy buen estado, que serpenteaba rodeada de un bosque de alcornoques precioso. Lo bueno de los puertos de montaña es que detrás siempre hay una placentera bajada que se disfruta silbando.
Siguiendo el estilo de éste viaje, tomo la carretera hacia Ardales, por la vía más desconocida y solitaria, al mirar alrededor no pude evitar dar un grito de alegría " QUE BONITA ES ANDALUCÍA" pero ahí no queda la cosa. Al llegar al Desfiladero de los Gaitanes, por el acceso norte, comenzó una de las bajadas más bonitas y placenteras que he realizado. Una carretera recién asfaltada que se iba adentrando en un bosque de pinos flanqueado por las altas paredes calizas de la garganta y adrezado por roca con forma sinuosa, gracias a la poderosa fuerza del agua.
Una vez en la parte sur de la garganta, tocaba decidir que hacer, donde dormir, que carretera tomar. Las condiciones climáticas bordeaban lo extremo a las 12 de la mañana y aquí el señor bruto, dueño de sus piernas, decidió tomar una carretera/camino por la ladera soleada (en plena ola de calor y alerta roja) para llegar al destino final. La incertidumbre estaba servida en bandeja al comenzar a pedalear con todo el desarrollo que podía darme la bici, por un camino muy empinado que no me ofrecía total seguridad de que me llevara a donde yo quería. Fueron unos momentos de mucha dureza por la pendiente y el calor que poco a poco fueron suavizándose por la imagen de mi destino final en la lejanía. ¡¡QUE ME GUSTA ESTO!!
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