martes, 25 de julio de 2017

11-07-2017 Más duro todavía

Km día: 57km
Recorrido: Valle de Abdalajís, dirección norte hacia Antequera, bordeando el Torcal, Villa Nueva de la Concepción, Casabermeja.
Como la vida misma, viajar en bici se convierte en una rutina. Te levantas, ordenas las alforjas, preparas la bici con un repaso a todo lo que llevas, buscas un lugar para desayunar a ser posible doble, miras el mapa para crear la ruta del día, cargas agua y vuelta a poner el los pies en los pedales, mirada hacia delante con convicción y a disfrutar de la incertidumbre de la ruta.
Salgo de este bonito pueblo, con las vistas impresionantes de una montaña de caliza totalmente plegada por las fuerzas de la naturaleza, y pongo dirección a Antequera, dejando el Torcal de Antequera a mi derecha. Gracias a mi pérdida de conciencia por lo impresionante del paisaje, me pierdo un poco y no consigo situarme en el mapa de carreteras que ha sido mi guía en todo este viaje. En un cruce, paro como de costumbre, para decidir la dirección. Imaginaros una carretera sin sombra, un cruce que no me decía nada, poca agua por lo despoblado del lugar y la necesidad de tomar una decisión sin demora. Me armo de valor y giro hacia un puerto de montaña que se veía desde el cruce. Nada más dar las primeras pedaladas en el puerto, noto mi falta de energía y la dureza de las pendientes. Sin dudar un instante, paro y me doy la vuelta para volver al mismo cruce. Creo que es la primera vez que me doy la vuelta derrotado por un puerto (sin ego, ¡¡eh!!), pero estaba viendo que me iba a meter en una encerrona sin agua, con un calor infernal y sin energía para ello.
Continuo rodeando el Torcal de Antequera, dejo Antequera al sur, y me dispongo a subir otro puerto de montaña más (creía que me iba a librar pero ésto es Andalucía interior). Antes de afrontar las primeras rampas del puerto, mis reservas de agua no llegaban al fondo de mi botella de 1,5l, mi boca estaba bastante pastosa y las perspectivas de encontrar agua eran nulas. Veía carteles de "Hotel Casa Paco" a 2 km, Casa Paco cerrado, Casa Pepe, Casa Antonio,...todo estaba cerrado y yo sin agua. Me vi como nunca me he visto, mirando las casas para ver si estaban habitadas y pedir agua. Las rampas del eterno puerto me costó la misma vida, no veía el final. Esto es como cuando ves un espejismo en el desierto, levantas la cabeza para mirar el final de la curva y crees que esa es la última cuesta y detrás llega la bajada. Y al trazar esa tan deseada curva ves que hay más subida y más curvas, llevándote a la desesperación. Aquí la mente es muy importante, no solo las piernas, ella te tiene que dar la tranquilidad de que el puerto se termina, que tu cuerpo tiene recursos para salir de toda dificultad y que hay que administrar las energías que tienes con inteligencia. Es muy buen entrenamiento para viajes mucho más expuestos en los que estas capacidades tienen que estar bien entrenadas. Me pasó en la península de Kamchatka, lo llevaba bien entrenado todo menos el cuerpo a cuerpo con los osos, jaja.
Una vez hecha realidad la llegada al final del puerto, respiré tranquilo y bajé como sin no hubiera pasado nada, me puse a silbar de alegría y mi mente comenzó a buscar un lugar para dormir. Tras preguntar en varios lugares sin encontrar nada para dormir al fresco, retomé la carretera cometiendo el error de no cargar agua, al confiar que más adelante iba a encontrar un bar. Me vi otra vez sin líquido elemento buscando una casa para pedir agua. En un taller me puede meter dos vasos y en una tienda cercana cargué agua y fruta, que me dieron la tranquilidad y fuerza necesaria para llegar a mis destino final sin colapsar.
¡¡¡Madre mía que día!!!

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