Km día: 64,15 km
Tiempo día: h 59m
Velocidad media: 17,56 km/h
Velocidad máxima: 51,37 km/h
Recorrido: parto de Stepanova (Armenia) dirección noroeste por la carretera M3 hacia Tashir. Cruzo la frontera entre Armenia y Georgia. Continuo por la carretera nº 6. En Saparlo giro a la derecha terminando en Damanisi.
Como siempre, hago acopio de energía en el desayuno del hotel, que esta vez ha costado
50 geles (20€). Al salir a la carretera, descubro que el pueblo está separado por una garganta que discurre paralela a la carretera que me traía ayer hasta aquí, como si fuera un foso o trinchera. Es curioso, la zona es plana y está rajada por un río que ha perforando una garganta de unos 100m de ancho por otros 100m de profundo, pero a la altura de la vista humana no se ve, tienes que acercarte a ella para darte cuenta de su existencia, este fenómeno geológico no lo había visto en mi vida. Me acordé, que Iñigo me comentó algo de unos monasterios pero no me acordé de ir a verlos. Como siempre no hecho cuenta de los monumentos que me voy encontrando por el camino.
La carretera es muy placentera y poco transitada, el ancho es magnífico y se puede uno relajar en la bici mirando el paisaje tan brutal que este país me está demostrando. A lo largo de la carretera me estoy encontrando unas estructuras de hormigón que
consisten en dos rampas inclinadas, una parte plana y otras dos rampas inclinadas de salida. Me acerco y son como caballetes para elevar el coche o camioneta y poder mirar debajo del vehículo y hacer alguna reparación. La intención puede ser buena, para la ayuda del conductor en carretera, pero el resultado es una laguna de aceite de motor en el fondo de esa estructura, algo que no beneficia al medio ambiente para nada.
En el último pueblo, antes de la frontera, en Tashir, me paro a mirar el mapa y confirmar la dirección con unos paisanos del lugar. La persona que me confirma la posición, directamente me dice “café, casa” y me invita al salón de su casa a tomar un café con frutos desecados. ¡Me encanta la hospitalidad de la gente!. Como os podéis imaginar la conversación no fue muy fluida pero nos hicimos entender, solo hay que tener la intención. En el salón había un chico, que solo hablaba ruso y que no le interesaba para nada hablar, solo la Tv y el fútbol. Venía con una mujer de San Petersburgo (Rusia) con la que si me hubiera interesado hablar (de su país), pero mi ruso no es lo suficientemente bueno como para enterarme de algo. Creo que puede ser uno de los próximos viajes culturales que me gustaría hacer, además de hacer esquí de fondo y ver a un amigo de la asociación de estudios españoles que hace kite surfing.
Mi anfitrión, antes de irme, me enseño algo que el mismo estaba haciendo con sus manos.
Por lo visto, los Armenios y creo que en Georgia también, se hacen unas lápidas conmemorativas para los fallecidos. El interesado encarga una plancha de granito de unos 80x40x15cm, que pesa una barbaridad y con un cincel, a base de golpecitos, graba imagen y texto en el superficie pulida del bloque. Algo que hace falta ser un artista para hacerlo bien. Pues aquí, mi anfitrión, estaba haciendo dos para unos amigos recién muertos este año, hay ver su cara de pena cuando me los estaba mostrando.
Salgo de la casa con el corazón encogido y
muy contento a la vez de comprobar que por el mundo hay mucha gente pura de corazón.
Me dirijo a la frontera, que para mi siempre es un lugar de tensión y desagradable. La paso sin más problemas, esperándome detrás del otro lado, una carretera ahogada por la vegetación y con un asfalto muy deteriorado. Se ve que no les interesa tener una buena comunicación Georgia-Armenia, cuando la carretera Armenia-Georgia estaba de obras de mejora. No lo entiendo.
Al llegar al cruce, en la localidad de Saparlo, le pregunto a un policía por Dmanisi y me recomendó que girara a la izquierda, que la carretera estaba en mejor estado. Esto me parece absurdo, normalmente las carreteras que conservan mejor son las generales antes que las locales, otra cosa que se me escapa. Circulé por una carreterita local, con muchos repechos, pero con muchos puntos de agua fresca que hacen el trayecto más agradable. Poco a poco me voy acercando a la población de Dmanisi.
Al llegar al pueblo mayor de la zona, me dirijo a mercado local, porque allí hay un pequeño restaurante regentado por dos señoras. Normalmente, antes de comer busco alojamiento, pero esta vez, no se porque, hice lo contrario. En el restaurante, mientras comía la rica gastronomía local, aderezado con un vino suave y un palo de carne seca, me da por preguntarle a la camarera por un lugar para dormir, con el gesto característico de las dos manos juntas pegadas a la oreja. Ella me dice “¿yo?” rápidamente le dije “hotel” entonces ella se relajó y sonrió. Se había creído que quería acostarme con ella, nada más lejos de mi intención. Seguí comiendo y las miradas se repitieron varias veces, yo seguía sin ninguna intención por dormir con ella. Finalmente me fui a la plaza sin mis 100 pizzas de premio (100 pizzas por liarme con una georgiana) y al taxista que le pregunté por un hotel me ofreció su casa por 30geles. Lo acompañé a ver la casa, regateamos y finalmente por 25 geles me quedé. Estaba cansado, afectado por la cerveza y “acosado” por la georgiana.
Como era de esperar, la hospitalidad de esta gente no se hizo esperar. Mientras trabajaba los textos de las crónicas, me trajo un café con pastas recién hechas, cené con la familia, brindé con Chacha (licor local hecho con la uva de su casa), jugué a las cartas con su hijo a un juego que no entendía las reglas (ya soy malo jugando, imaginaros sin saber las regla ni poder entenderlas), desayuné con ellos. Toda una experiencia que no podía irme sin tenerla.
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