sábado, 8 de agosto de 2015

GEORGIA 1 de agosto 2015:¡Buenas Sensaciones!


1 de agosto 2015: ¡Buenas sensaciones!
Km día: 52km
Tiempo día: 3h 45m
Velocidad media: 14,0 km/h
Velocidad máxima: 54,98km/h
Recorrido: Salida desde Alpana y llegada a Lentekhi por la carretera secundaria nº 16 siguiendo el curso del rio Rioni

¡Qué bien sienta dormir en el campo!, levantarse con el ruido de la naturaleza y comenzar la rutina de alimentar al cuerpo hambriento. En estos casos cualquier comida te sabe bien, un café aguado es un espumoso expreso y un pan duro parece recién salido del horno. Teníamos todos los cuadros posibles de levantares, uno había dormido a pierna suelta, otro poco y mal atacado por los mosquitos, yo con calor-frío...diferentes caras y un único objetivo, retomar la ruta en bici.





A cada pedalada que dábamos nos íbamos adentrando cada vez más en la garganta, hasta tener encima de nuestras cabezas paredes verticales que crujían a nuestra espalda, con ganas de escupir proyectiles a nuestras cabezas. El miedo se apoderó de nosotros por momentos, superando en fila india el pequeño puerto del 9% coronado por un túnel. De la oscuridad salió ante nosotros un valle maravilloso con una luz espectacular, digno de los mejores valles de los Alpes. Los árboles frutales nos ofrecían alimento y los ingenieros nos proporcionaron un asfalto con una rasante de calidad, que más podíamos pedir. Todo esto sólo podía reflejarse en amplias sonrisas, plenas de felicidad y vuelta a cantar a coro el cancionero popular. En ese momento le comenté a Elena “ creía que no iba a tener un viaje tan bueno como el de la India, y este va camino de superarlo” y esa fue la sensación. Los Himalayas indios fueron espectaculares, pero éste es compartido por buenos amigos, ahí está la diferencia.



En el horizonte apareció un puerto de montaña que nos puso a cada uno en su sitio. Pedalada tras pedalada fuimos llegando uno tras otro al punto más alto, donde nos esperaba un premio en forma de vino (uno de los productos más preciados en este país) ofrecido por dos pastores, que descansaban bajo la sombra de un árbol ¡qué poco hablamos y que bien nos comunicamos con ellos!. La cara sin arrugas y sonrojada, de los guardianes del puerto, te hace pensar lo rápido que va el mundo y lo poco que a ellos eso le afecta. Nos fuimos con una botella de ese elixir, regalado posiblemente por gente que no tiene mucho que ofrecer.



Bajamos el puerto, paramos en un pueblo bastante grande y probamos por segunda vez la rica gastronomía georgiana. Entre cucharada y cucharada de sopa picante, entre bocado y bocado de pan relleno de queso, vimos pasar por la puerta la silueta de un caminante pertrechado con su mugrienta mochila. Lo paramos y lo invitamos, tras las clásicas preguntas, a comer con nosotros. Era David, un inglés que llevaba andando tres años después de dejarlo todo atrás (menos el iphone).

Cargadito nuestro estómago e imaginación por la aventura inglesa, retomamos la ardiente carretera con poca agua. Al llegar a la primera curva, fuera del pueblo, y no tener la certeza de una fuente cercana, nos entró el pánico y enviamos a dos expedicionarios a comprar agua al pueblo. Ya con la mente calmada y refrescada por el agua traída, le dimos presión a los pedales y al girar la siguiente curva apareció la fuente del pueblo. Se nos quedó la cara de tonto durante bastante tiempo, al ver una de las fuentes más grandes de Georgia y además tres fuentes más en los los km siguientes. Conclusión: las fuentes no faltan en este país, hay que mantener la calma.

Calor y más calor por un valle bastante cerrado, que nos llevó a la extenuación, rebajado
por un baño en una de las pozas más acogedoras que nos encontramos por el camino.Estás condiciones meteorológicas desembocaron en una tormenta de aire y agua brutal, con rachas de viento que tumbaron nuestras bicis. Justo conseguimos llegar al pueblo siguiente, Lentekhi, cuando la tormenta empezó a levantar las cubiertas de los establos. Pasamos miedo, imaginándonos dentro de un tornado de las llanuras americanas, golpeados por postes de teléfono y coches destrozados. Esta desazón, finalmente fue aplacada por los aromas de una cerveza bien fresca, cena y ducha bajo techo.

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¡Qué me ha llevado a partir!