1 de
agosto 2015: ¡Buenas sensaciones!
Km día: 52km
Tiempo día: 3h 45m
Velocidad media: 14,0 km/h
Velocidad máxima: 54,98km/h
Km día: 52km
Tiempo día: 3h 45m
Velocidad media: 14,0 km/h
Velocidad máxima: 54,98km/h
Recorrido: Salida
desde Alpana y llegada a Lentekhi por la carretera secundaria nº 16
siguiendo el curso del rio Rioni
¡Qué
bien sienta dormir en el campo!, levantarse con el ruido de la
naturaleza y comenzar la rutina de alimentar al cuerpo hambriento. En
estos casos cualquier comida te sabe bien, un café aguado es un
espumoso expreso y un pan duro parece recién salido del horno.
Teníamos todos los cuadros posibles de levantares, uno había
dormido a pierna suelta, otro poco y mal atacado por los mosquitos,
yo con calor-frío...diferentes caras y un único objetivo, retomar
la ruta en bici.
A
cada pedalada que dábamos nos íbamos adentrando cada vez más en la
garganta, hasta tener encima de nuestras cabezas paredes verticales
que crujían a nuestra espalda, con ganas de escupir proyectiles a
nuestras cabezas. El miedo se apoderó de nosotros por momentos,
superando en fila india el pequeño puerto del 9% coronado por un
túnel. De la oscuridad salió ante nosotros un valle maravilloso con
una luz espectacular, digno de los mejores valles de los Alpes. Los
árboles frutales nos ofrecían alimento y los ingenieros nos
proporcionaron un asfalto con una rasante de calidad, que más
podíamos pedir. Todo esto sólo podía reflejarse en amplias
sonrisas, plenas de felicidad y vuelta a cantar a coro el cancionero
popular. En ese momento le comenté a Elena “ creía que no iba a
tener un viaje tan bueno como el de la India, y este va camino de
superarlo” y esa fue la sensación. Los Himalayas indios fueron
espectaculares, pero éste es compartido por buenos amigos, ahí está
la diferencia.
Bajamos
el puerto, paramos en un pueblo bastante grande y probamos por
segunda vez la rica gastronomía georgiana. Entre cucharada y
cucharada de sopa picante, entre bocado y bocado de pan relleno de
queso, vimos pasar por la puerta la silueta de un caminante
pertrechado con su mugrienta mochila. Lo paramos y lo invitamos, tras
las clásicas preguntas, a comer con nosotros. Era David, un inglés
que llevaba andando tres años después de dejarlo todo atrás (menos
el iphone).
Cargadito
nuestro estómago e imaginación por la aventura inglesa, retomamos
la ardiente carretera con poca agua. Al llegar a la primera curva,
fuera del pueblo, y no tener la certeza de una fuente cercana, nos
entró el pánico y enviamos a dos expedicionarios a comprar agua al
pueblo. Ya con la mente calmada y refrescada por el agua traída, le
dimos presión a los pedales y al girar la siguiente curva apareció
la fuente del pueblo. Se nos quedó la cara de tonto durante bastante
tiempo, al ver una de las fuentes más grandes de Georgia y además
tres fuentes más en los los km siguientes. Conclusión: las fuentes
no faltan en este país, hay que mantener la calma.
Calor y más calor por un valle bastante cerrado, que nos llevó a la extenuación, rebajado
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