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agosto 2015: Nadie es imprescindible
Km
día: 57,16 km
Tiempo
día: 5h 13m
Velocidad
media: 10,92 km/h
Velocidad
máxima: 39,40 km/hRecorrido: Lentikhi a Tsana por la carretera secundaria nº 15
Recuperados
de la paliza del día anterior, bien comidos, bien dormidos,
comenzamos otro día con un buen desayuno georgiano. Vemos que hay
una constante en los desayunos y cenas por los lugares que vamos
pasando. Pan tipo hogaza muy rico, ensalada de tomate y pepino,
yogurt muy espeso, queso muy salado o incluso fresco, todo bañado
con el vino que hace el propio propietario de la pensión. El café
es soluble y el té de bolsas, nada del otro mundo. Cuando estoy de
viaje en bici la cabeza se me transforma y desayuno doble o triple y
no suelo dejar nada en la mesa, solo pienso, cuando me siento en la
mesa, comer algo que me de energía
y me pueda mantener sobre la bici
durante todo el día sin desfallecer. Además voy añadiendo
galletas, fruta y chocolate mientras pedaleo para que no baje el
nivel de glucógeno. Esto, cuando lo experimentéis, os iréis dando
cuenta por vosotros mismos.
Hemos
estado hablando encima de la bici y desde nuestra experiencia como
cicloaventureros, recomendamos Georgia, como la primera aventura en
bici para un aficionado a la bici, con varios viajes en bici en sus
piernas (camino de Santiago por ejemplo) y que busque un plus más de
aventura. El país no es complicado, la gente es buena y no te
acosan, se necesita bastante autonomía técnica (recambios,
conocimiento de mecánica), el agua esta libre de bacterias (ausencia
de diarreas) y la comida está muy buena. La zona de Mestia hace 9
años no tenía ni tiendas para comprar sal, actualmente no hay donde
comprar repuestos de la bici por la zona. Puede resultar complicado
cualquier problema. Por ahora no hemos visto ningún centro de salud,
ni ayuntamiento ni nada que se le parezca. Son buenos condicionantes
para una sentir la aventura en vuestra piel.
Continuamos
nuestro pedaleo por el valle, e íbamos dejando pequeñas
concentraciones de casas que viven de la ganadería y agricultura. En
una de ellas colgaba un cartel de Hotel donde decidimos parar a
comer. Mientras estábamos decidiendo con la dueña que comer,
aparecen dos polacos en bici con sus monturas destrozadas. Radios
rotos, cubiertas remendadas con cinta de embalar y decidimos
ayudarles a cambiar todo eso, para ello, tuvimos que tirar de
ingenio. Ellos venían de Armenia en donde habían rodado por asfalto
a 55ºC y las cubiertas no resistieron. Les solucionamos la avería y
los invitamos a comer.
Con
la barriga saciada y la cartera un poco más vacía por el intento de
timo de la señora que nos hizo de comer, continuamos con nuestro
viaje a dos ruedas. Elena al ver todo el peso que llevaba me suelta “
Jo, aquí el único que es imprescindible es Coco” (por el hecho de
llevar la tienda y utensilios para comer), rápidamente le contesté
“ nadie es imprescindibles, somos un equipo compacto en el que
cada uno tiene su función e importancia. David mecánica, Pedro
orientación e idiomas, tu contabilidad y pagos, Federique búsqueda
de agua y comida”. En ese instante, giro la cabeza y veo como un
señor mayor se acerca al cercado de su casa para curiosear. Me
acerco con la botella de agua y cruzamos unas palabras entre
georgiano y ruso. En un momento de la conversación me pregunta de
donde somos y al saber que eramos españoles se le cambió el
semblante. Y empezó a contarme que hace 70 años había estado en
España y por el tono intuí que le había pasado algo muy
impactante. A pesar de la barrera idiomática se puede conectar con
la gente, solo hay que dejarse sentir.
El
tramo final se encañonó y camino pasó a ser un camino estrecho muy
complicado de ciclar, incluso sin alforjas, que nos puso a todos al
límite de fuerzas y técnica. En un viaje como este, en el que las
condiciones nos separan cada uno unos cientos de metros es muy
importante el concepto de grupo. Cada uno debe de estar pendiente del
que tiene por detrás por si le pasa algo.
Terminamos
agotados, durmiendo en una pensión perdida entre montañas y rodeada
de casas en ruinas.
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