jueves, 13 de agosto de 2015

GEORGIA 2 de agosto 2015:Nadie es imprescindible


2 agosto 2015: Nadie es imprescindible

Km día: 57,16 km

Tiempo día: 5h 13m

Velocidad media: 10,92 km/h
Velocidad máxima: 39,40 km/h
Recorrido: Lentikhi a Tsana por la carretera secundaria nº 15
Recuperados de la paliza del día anterior, bien comidos, bien dormidos, comenzamos otro día con un buen desayuno georgiano. Vemos que hay una constante en los desayunos y cenas por los lugares que vamos pasando. Pan tipo hogaza muy rico, ensalada de tomate y pepino, yogurt muy espeso, queso muy salado o incluso fresco, todo bañado con el vino que hace el propio propietario de la pensión. El café es soluble y el té de bolsas, nada del otro mundo. Cuando estoy de viaje en bici la cabeza se me transforma y desayuno doble o triple y no suelo dejar nada en la mesa, solo pienso, cuando me siento en la mesa, comer algo que me de energía
y me pueda mantener sobre la bici durante todo el día sin desfallecer. Además voy añadiendo galletas, fruta y chocolate mientras pedaleo para que no baje el nivel de glucógeno. Esto, cuando lo experimentéis, os iréis dando cuenta por vosotros mismos.

 







Hemos estado hablando encima de la bici y desde nuestra experiencia como cicloaventureros, recomendamos Georgia, como la primera aventura en bici para un aficionado a la bici, con varios viajes en bici en sus piernas (camino de Santiago por ejemplo) y que busque un plus más de aventura. El país no es complicado, la gente es buena y no te acosan,  se necesita bastante autonomía técnica (recambios, conocimiento de mecánica), el agua esta libre de bacterias (ausencia de diarreas) y la comida está muy buena. La zona de Mestia hace 9 años no tenía ni tiendas para comprar sal, actualmente no hay donde comprar repuestos de la bici por la zona. Puede resultar complicado cualquier problema. Por ahora no hemos visto ningún centro de salud, ni ayuntamiento ni nada que se le parezca. Son buenos condicionantes para una sentir la aventura en vuestra piel.



Continuamos nuestro pedaleo por el valle, e íbamos dejando pequeñas concentraciones de casas que viven de la ganadería y agricultura. En una de ellas colgaba un cartel de Hotel donde decidimos parar a comer. Mientras estábamos decidiendo con la dueña que comer, aparecen dos polacos en bici con sus monturas destrozadas. Radios rotos, cubiertas remendadas con cinta de embalar y decidimos ayudarles a cambiar todo eso, para ello, tuvimos que tirar de ingenio. Ellos venían de Armenia en donde habían rodado por asfalto a 55ºC y las cubiertas no resistieron. Les solucionamos la avería y los invitamos a comer.



Con la barriga saciada y la cartera un poco más vacía por el intento de timo de la señora que nos hizo de comer, continuamos con nuestro viaje a dos ruedas. Elena al ver todo el peso que llevaba me suelta “ Jo, aquí el único que es imprescindible es Coco” (por el hecho de llevar la tienda y utensilios para comer), rápidamente le contesté “ nadie es imprescindibles, somos un equipo compacto en el que cada uno tiene su función e importancia. David mecánica, Pedro orientación e idiomas, tu contabilidad y pagos, Federique búsqueda de agua y comida”. En ese instante, giro la cabeza y veo como un señor mayor se acerca al cercado de su casa para curiosear. Me
acerco con la botella de agua y cruzamos unas palabras entre georgiano y ruso. En un momento de la conversación me pregunta de donde somos y al saber que eramos españoles se le cambió el semblante. Y empezó a contarme que hace 70 años había estado en España y por el tono intuí que le había pasado algo muy impactante. A pesar de la barrera idiomática se puede conectar con la gente, solo hay que dejarse sentir.



El tramo final se encañonó y camino pasó a ser un camino estrecho muy complicado de ciclar, incluso sin alforjas, que nos puso a todos al límite de fuerzas y técnica. En un viaje como este, en el que las condiciones nos separan cada uno unos cientos de metros es muy importante el concepto de grupo. Cada uno debe de estar pendiente del que tiene por detrás por si le pasa algo.

Terminamos agotados, durmiendo en una pensión perdida entre montañas y rodeada de casas en ruinas.



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